77
septiembre
2008

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LA POLÍTICA NO ES UN JUEGO DE GUERRA

     El debate político se torna cada vez más áspero e insidioso. Parece estar orientado a aniquilar a los contendores, a dividir a los políticos de los distintos bloques y al interior de los mismos en el tratamiento de cada problema público. De esta manera, el debate no fortalece los espacios colectivos desde donde analizar los problemas y avanzar hacia soluciones que tengan en cuenta la diversidad de conocimientos, experiencias, puntos de vista e intereses sociales. El debate político es distorsionado por los medios de comunicación, los que en muchas ocasiones difunden contenidos y declaraciones fuera de contexto o tergiversándolos para que “hagan noticia”.
      Los nuevos desafíos que enfrenta la sociedad frecuentemente derivan de las transformaciones ocurridas en las últimas décadas. Sin embargo, los debates sobre problemas tan urgentes como el del transporte, la salud, la educación y la seguridad ciudadana no son analizados para entender sus distintas causas y avanzar soluciones. Por el contrario, estos se orientan a descalificar a otros actores polÌticos y “llevar agua para su molino”. Frecuentemente, los errores y problemas no previstos en estas distintas áreas dan lugar a una caza de brujas de culpables que niega la capacidad de razonamiento, y voluntad de servicio. Igualmente, en el debate los problemas son abordados en forma fragmentada, sin relacionarlos entre si ni anticipar horizontes de futuro más integrales.
      Se entiende, así, porque “la política y el actuar de los políticos” provocan rechazo, malestar e indiferencia en una ciudadanía resistente a ser gobernada en forma arbitraria. Asimismo, se puede comprender que el espacio público y político vaya perdiendo su papel de referencia y de centro de reflexión sobre el acontecer y el futuro de la sociedad.
      Argumentos para el cambio quiere advertir que este tipo de debate el sentido de la política y la democracia y recordar que la Política es ante todo un proceso continuo y nunca acabado de construcción conjunta de un orden público, sin dejar de lado la pluralidad de intereses y el aspecto conflictivo de la vida social.


Sabía que...
El 74% de la población encuestada no está de acuerdo con la decisión del Tribunal Constitucional (TC) de prohibir la entrega de la “píldora del día después” en los consultorios. La población joven, entre los 18 y 34 años, se opone al fallo en un 82 %.

(Encuesta La Tercera, abril 2008).

RECUPERAR EL SENTIDO DE LA POLÍTICA

      La política está orientada a identificar los intereses de distintos grupos, contrastándolos y articulando las preferencias sociales para gobernar una sociedad. Pero, al mismo tiempo es deliberación, generación de vínculos y formación de voluntades. La política es entonces producto de una construcción conjunta y no exenta de conflicto en el espacio público, una tarea de carácter permanente que se orienta al futuro de la sociedad, sin que exista un horizonte predeterminado. De esta manera la política enfatiza la capacidad para relacionarse con el otro de forma plena y con respeto, a la vez que afirmar la individualidad, los intereses y proyectos personales y grupales.
El movimiento de mujeres a través de la historia puede tomarse como un ejemplo de desarrollo de estas diferentes dimensiones. Se constituyó como un actor político con intereses propios en el espacio público pero, a la vez, generó campos políticos desde donde desarrollaron argumentos para deliberar y convencer a los otros sobre la desigualdad de género. Formó redes y negoció con distintos actores para persistir a través del tiempo en sus objetivos, entre otros el derecho a la educación y al voto de las mujeres y la representación política equitativa.
En el país, el ejercicio de la política tiene un carácter elitista y excluyente. No solo distintos actores y grupos sociales están sub-representados en los espacios de deliberación y toma de decisiones. También, temas importantes en la construcción de una sociedad democrática –las desigualdades de género, étnicas y la discriminación a las minorías sexuales– son escasamente considerados en el debate político. Esta forma de ejercer la política está entrando en contradicción con los cambios de las experiencias sociales de las personas y sus pautas de interpretar y orientarse en la convivencia social. En las últimas décadas han emergido intereses diferentes, los valores se han vuelto más heterogéneos y contradictorios y las personas aspiran ser escuchadas y consultadas en las decisiones que les competen. Esto explica la distancia entre el contenido del fallo del Tribunal Constitucional que prohibió la distribución de la anticoncepción de emergencia en las postas de salud y la opinión de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas que consideró que el fallo atenta contra la libertad de decisión individual y es discriminatorio para las mujeres de sectores más pobres. De la misma manera, pese a que una mayoría de las mujeres es favorable a despenalizar el aborto en algunas circunstancias –de peligro de muerte de la madre, de violación o inviabilidad que el feto viva después de nacido– este problema no puede ser incluido en las agendas institucionales ni en el debate parlamentario.
La falta de atención a las demandas e intereses ciudadanos está propiciando una suerte de judicialización de la política, donde los temas controversiales y de interés no son debatidos en órganos elegidos por la ciudadanía como el Congreso y los gobiernos locales, los que son utilizados como campo de resonancia de escándalos. La dimensión deliberativa de estas instituciones está subordinada a la estrategia de acumulación de fuerza política de sus partidos o militantes.
No obstante, mejorar la calidad de la política no es asunto de pura voluntad. Exige cambios en las normas e instituciones que rigen el país así como en la cultura política, mayor apertura de las agendas y debates a los problemas ciudadanos, generación de canales de participación e identificación de líderes emergentes que pueden renovar la política, y lograr una distribución de las oportunidades y de poder de negociación más equitativos.


Sabía que..

El 55% de las personas encuestadas desaprueba y sólo el 18,5% aprueba la forma en que diputados y senadores desarrollan su labor.

(Encuesta Imaginación, julio 2008).

INSTITUCIONES Y NORMATIVAS

      Al recuperar la democracia el país siguió regido por la constitución de 1980, aprobada por la junta militar, la que tiene importantes enclaves autoritarios. Pese a los esfuerzos de la Concertación y las arduas negociaciones llevadas a cabo para reformar y democratizar la constitución, las reformas constitucionales introducidas bajo el gobierno de Ricardo Lagos son insuficientes.
Un ejemplo de ello es la persistencia del sistema electoral binominal que está impidiendo la representación de una pluralidad de opiniones y actores. Las mujeres y las minorías enfrentan obstáculos para su representación. Las fuerzas políticas extraparlamentarias no tienen espacio en el Congreso para debatir y comprometerse responsablemente con las políticas públicas que se acuerden.
Asimismo, es importante hacer concordar la Constitución con los convenios y convenciones internacionales, lo que permite al país ocupar una posición democrática en el terreno internacional y defender mejor los derechos de los/as ciudadanos/as.
Existen algunos avances como la reducción de cargos de confianza y la ampliación de los cargos concursable para la contratación de altos funcionarios, la obligación de transparentar la información del funcionamiento de los ministerios y servicios, la declaración de patrimonio de las autoridades, pero todavía hay un largo camino por recorrer.


Sabía que...
Sólo un 6% de encuestados/as declara tener confianza en los partidos políticos, siendo esta la institución peor evaluada en Chile.

(Encuesta Cieplan-Libertad y Desarrollo-PNUD-Proyectamérica-CEP, marzo-abril de 2008)

BUSCANDO CAMINOS

   Con la perspectiva de los 20 años que nos da el triunfo del NO en el Plebiscito de 1988, nadie podría negar que el Chile actual ofrece mejores posibilidades para vivir y desarrollar proyectos personales. Pese a los logros, tampoco nadie puede desconocer el malestar que suscita la política, incapaz de asumir los retos del cambio y promover políticas que favorezcan la igualdad e integración social.
Es necesario detenerse y pensar en serio en formas de promover la inclusión de nuevos actores políticos y sociales, atraer a aquellos y aquellas que han salido del diálogo por encontrarlo inútil y a los/as que no se consideran a si mismos/as como actores políticos. La generación de nuevos espacios y prácticas es imprescindible para incentivar la reflexión y la creatividad sobre los problemas y desafíos de la sociedad actual y superar el desgaste de ideas y proyectos.


Para ello resulta necesario:

  • Grandes cambios culturales que generen las condiciones para mejorar la política.
  • Adecuar los marcos jurídicos e institucionales a la nueva realidad del país.
  • Promover el sentido de pertenencia y responsabilidad social con el futuro.
  • Impulsar la redistribución del poder y de las oportunidades.

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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