68
enero
2007

TIEMPOS DE PARIDAD, TIEMPOS DE CAMBIO

      El día 15 de enero del 2006 marcó un hito en la historia del país.       Por primera vez, una mujer, comprometida con los valores de la igualdad y la justicia, es elegida Presidenta de la República. Propuesta como candidata por la ciudadanía y nominada por la Concertación, su campaña y acceso al gobierno despierta expectativas y esperanzas, pero también temores y desconfianzas.
      Las medidas comprometidas con la equidad de género y social que va adoptando trastocan las ideas y creencias que hacen parecer como naturales situaciones injustas. Entre ellas destacan la falta de reconocimiento del aporte del trabajo doméstico y de cuidado, la ausencia de jardines infantiles en una sociedad donde las mujeres crecientemente trabajan por un ingreso y son jefas de hogar, el carácter excluyente del sistema de previsión social, la ausencia de medidas de acción positiva. Estas últimas son fundamentales para que las personas en situación de exclusión puedan acceder a los recursos y al respeto social y competir en igualdad de condiciones.
      No obstante, el curso de un gobierno no depende sólo de su compromiso y voluntad sino que es parte de un proceso histórico mayor cruzado por luchas políticas y valóricas. Actores con distinto poder e intereses interactúan entre sí y con el gobierno para incidir en su marcha y en los contenidos de las agendas. Pero su rumbo tampoco se limita a responder a presiones coyunturales y partidarias sino que está orientado por ideas ejes.
      En tiempos de paridad, Argumentos para el cambio se propone analizar los discursos y mensajes contradictorios que circulan en torno al sentido y consecuencias de la paridad, y a la presidencia de una mujer. Se propone acompañar la experiencia paritaria, los distintos desafíos y encrucijadas que se enfrentan, promover debates y dar seguimiento a los impactos de este tipo de gobierno en la superación de la desigualdad de género y bienestar de las mujeres.

 


Sabía que...
Según una encuesta de la Fundación Futuro,
el 65% de las personas encuestadas está a favor de una ley de cuotas que exija al menos un 40% de candidatas mujeres en los cargos de elección popular...

¿Renovando la política?

      La presión ciudadana desde fuera de los partidos y la adhesión de las mujeres a la candidatura de Michelle Bachelet incidió en la decisión de la Concertación de nominarla candidata a la Presidencia y abrió espacio para la discusión de la paridad de género en el sistema político. Un importante factor adicional fue el cansancio ciudadano con los partidos políticos, fenómeno que se ha ido acrecentando a lo largo del primer año de gobierno.
      El gobierno actual tiene raíces profundas en el tiempo. Las más cercanas se encuentran en el periodo de lucha antidictatorial y de la transición democrática. La recuperación de la democracia, la acción de los movimientos de mujeres y de las organizaciones feministas nutren el proceso actual, así como también lo nutre la respuesta de los gobiernos de la Concertación a las propuestas de igualdad de oportunidades para las mujeres y la creación de una institucionalidad de género en el gobierno. La nominación de Michelle Bachelet como Ministra de Salud y Defensa, la existencia de planes de igualdad de oportunidades para las mujeres desde 1994, la existencia de un Comité de Ministros por la Igualdad en el año 2000, junto al apoyo de la ciudadanía permitieron que la voluntad política y social de Bachelet se plasmaran en un proyecto político y de gobierno.
      Los compromisos de campaña más urgentes se concretan en el Plan 100 Días que consta de 36 medidas: en el ámbito del empleo, de la educación, de la seguridad social y la salud, entre otros, que comparten el objetivo de mejorar las condiciones de las personas en situaciones de mayor desventaja.
      En torno a las reformas propuestas –previsional, sistema binominal, políticas de la infancia, entre otras– se forman amplias comisiones y consejos asesores. Si bien se puede debatir sobre el grado de equilibrio entre los distintos miembros de la comisión, el carácter abstracto o pragmático de los debates, los canales de consulta ciudadana implementados, es indudable que las etapas por la que pasa el proceso de reforma facilita la permanencia del tema en el debate público, la transparencia de las decisiones y la participación ciudadana.
      La dinámica social y la lucha política ponen otros temas en el debate y llevan al gobierno a ampliar su agenda y redefinir prioridades. Un poderoso movimiento estudiantil cuestiona la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza intocada hasta ese momento.       Las denuncias de acciones de corrupción en los partidos y gobierno, capitalizadas políticamente por la oposición o por las fracciones de poder dentro de los partidos de la Concertación, han llevado a la Presidenta y al sistema político a plantear la probidad como tema central de la agenda y a elaborar un proyecto de ley que pretende incidir en los vacíos institucionales y normativos que facilitan la corrupción.
      Por estas razones y desde la perspectiva de la innovación en la política y en la gestión, resulta importante analizar las situaciones que proyectan formas novedosas de articulación del sistema institucional y político con la ciudadanía, y que chocan con las ideas de ejercicio del poder más tradicionales.


Sabía que...
La píldora “del día después” se vende hace 5 años pero algunos sectores tratan de impedir su reparto gratuito en los consultorios a quienes informadamente lo demanden...
Resistencias al cambio: expectativas, incertidumbre e inseguridad

      Las distintas fuerzas sociales y políticas tuvieron que interpretar la nueva situación abierta por la elección de una presidenta mujer y la nominación de un gobierno paritario con escasa presencia de ministros de gobiernos anteriores. Esas fuerzas analizan el gobierno a partir de sus concepciones e ideas sobre el ejercicio de la autoridad, los temas prioritarios y de acuerdo al reconocimiento que tengan de la desigualdad de género y su valoración de los aportes de las mujeres. Ciertamente, los sectores políticos también lo hacen pensando en las consecuencias de este tipo de gobierno para sus aspiraciones, intereses y acceso a posiciones de poder.
      Las imágenes de las mujeres sobre sí mismas y sus relaciones con los demás están sometidas a presiones de cambio que surgen de la presencia de mujeres en posiciones de autoridad y de los mayores recursos destinados a ellas, así como del mayor reconocimiento social de sus aportes y necesidades.
      Ahora bien, al alejarse del imaginario de autoridad masculina, la nominación de ministras, su forma de ejercer la autoridad y el propósito de consultar a la ciudadanía despiertan inseguridad, resistencia y sospecha. Más aún cuando la presidenta y parte importante del gabinete ministerial no pertenecen a los núcleos de poder partidario.
      Nombrar mujeres significa restringir las oportunidades de otros líderes políticos. Más mujeres en altos cargos de gobierno disminuyen las oportunidades masculinas. Prueba de ello es que al plantearse medidas de cuotas en el sistema electoral los partidos políticos inmediatamente demandan una ampliación de cupos.
El contenido del debate político ha estimulado la incertidumbre sobre la gestión de gobierno y su capacidad de abordar situaciones de crisis.       La lucha política ha estado impregnada de un sesgo de género. Se ha dudado de las capacidades personales de la presidenta y de los y las integrantes de su gobierno. Se han subrayado las cualidades «femeninas» de la presidenta y puesto en duda sus atributos para ejercer poder. La primera cuenta de gobierno dio lugar a un conteo de las veces que la presidenta usó la palabra género o mujer y el sentido que ello tenía en la marcha de gobierno.
      Luego de casi un año de gobierno, las dudas y críticas frente al estilo de este gobierno paritario –que respeta el sistema de partidos pero que abre canales a la ciudadanía y que combina capacidad de escucha con autonomía en la toma de decisiones– ha ido bajando de tono. En las últimas encuestas de opinión la presidenta sube en aprobación pese al descrédito preocupante de los partidos políticos y las instituciones. Al fin del primer año de gobierno se perfilan los desafíos para fortalecer la institucionalidad democrática: leyes de probidad que cierren caminos a la corrupción, la transparencia en las decisiones y la participación de la ciudadanía en la definición de los contenidos de las agendas.


Sabía que...
Las mujeres se inscriben más que los hombres en los registros electorales y, a la hora de votar,
se abstienen menos...

Fortalecer la política

      El gobierno paritario aporta al debate sobre la institucionalidad democrática y formas de gobierno en los siguientes sentidos:

  • La forma de nominación de su gabinete ha puesto en discusión la importancia de la rotación de los cargos, de la renovación generacional y del reconocimiento de las experticias en la nominación de ellos.
  • Avances en la representación de las diferencias en cargos de poder, al nombrar hombres y mujeres en el gobierno e implementar acciones positivas a favor de los sectores más excluidos.
  • Reconoce las distintas formas que asume la desigualdad. La desigualdad no sólo es atribuida a la injusta distribución de oportunidades y recursos sino también a la menor valoración social y reconocimiento como iguales que se atribuye a las mujeres, a los indígenas, a los que proceden de sectores sociales excluidos. La elaboración de un Código de Buenas Prácticas Laborales y No Discriminación para el Sector Público es una muestra de ello.
  • Finalmente, amplía el campo de la política considerando simultáneamente las dinámicas en el ámbito privado, reproductivo y el mundo de lo productivo y público. Las políticas de jardines infantiles y el reconocimiento del cuidado de hijas e hijos en el sistema previsional son un ejemplo de ello.


Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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