63
noviembre
2003

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LA PEDOFILIA ES UN DELITO, LA SEXUALIDAD ES UN DERECHO


      En estos últimos meses hemos sido, una vez más, sorprendidos y escandalizados con la existencia de una red de pedofilia que explota a niños y niñas de la calle, así como también lo fuimos al enterarnos de la producción de videos pornográficos infantiles y del abuso sexual cometido por sacerdotes.
      En esta red, personas adultas se aprovechan de su poder y de la desprotección afectiva y social de niños y niñas, para usar y ejercer violencia sexual contra ellos. Manipulan sus necesidades materiales y afectivas y les imponen la realización de actividades sexuales, les incorporan a redes de prostitución y les someten a experiencias destructivas, difíciles de superar. El secreto, la vergüenza y el escarnio dejan profundas huellas psicológicas. La baja estima, la culpa, la necesidad de afecto y reconocimiento se mezclan en un ovillo de vivencias inexpresables e innombrables más allá de la vergüenza y el dolor compartido. Sin embargo, contra lo que algunas personas han insinuado, las huellas psicológicas no mellan la capacidad moral ni la veracidad de los niños/as en sus testimonios.
      La existencia de la red de explotación y abuso sexual ha adquirido ribetes de mayor publicidad con las declaraciones de la diputada Pía Guzmán, que involucra a políticos en reuniones donde se abusaba de niños y niñas. Esta denuncia atenta contra la legitimidad del sistema político, si algunos de sus integrantes usaran su poder para tejer redes de ocultamiento en torno a este delito y trataran de alguna forma sobornar y evitar el esclarecimiento de los hechos. Sin embargo, la forma de responder a la denuncia por uno de los partidos concernidos ha desviado la atención del problema de abuso y explotación sexual hacia el esclarecimiento de posibles complots políticos.
      La emergencia de una realidad oculta lleva a confusiones y a respuestas poco matizadas
.
      Argumentos para el Cambio quiere contribuir a la comprensión de los hechos desde una perspectiva más amplia preguntándose sobre las formas en que la sociedad representa y construye la sexualidad.

 


Sabía que...
Muchas veces los agresores son cercanos a la familia del menor.

Masculinidad, violencia y sexo

      En la cultura machista y patriarcal circulan una serie de creencias sobre el carácter compulsivo del deseo sexual masculino que estimulan la emergencia de compor-tamientos sexuales sin mediaciones, controles o elaboraciones. En el imaginario se asocia la violencia, la sexualidad y la virilidad, transformando a las personas más débiles en objeto de caza a quienes someter para obtener placer. En círculos masculinos, y en son de broma, se afirma con ligereza por ejemplo, que basta que alguien pese más de 40 kilos y respire para ser objeto sexual.
      Es un secreto a voces la práctica del incesto al interior de muchas familias, la historia de niñas violadas o sometidas a conductas sexuales contra su voluntad por sus padres o familiares cercanos. Muchas mujeres deben proteger a sus hijas del avance de sus segundas parejas, y en una proporción no desdeñable hacen la vista gorda frente a los asedios sexuales de sus compañeros o familiares, razón por la cual muchas niñas dejan sus hogares sin contar con los recursos ni protección necesarios.
      Estas prácticas y creencias justifican y naturalizan los comportamientos sexuales, generando las condiciones para la aceptación y la complicidad con el some-timiento del más débil y, peor aún, sentando las bases para la emergencia de conductas delictivas de abuso y explotación sexual a menores como las analizadas en este número
.
      Argumentos para el Cambio postula que la sexualidad es una realidad que se va construyendo socialmente al interior de las relaciones que las personas establecen entre sí, en las cuales juega un papel importante el poder que detentan. Las formas de concebir, representar y normar los comportamientos sexuales van cambiando a través del tiempo. La lucha de las mujeres contra su subordinación, por mayor autonomía y control de su cuerpo y acceso a oportunidades es el mejor ejemplo y está modificando la concepción de la sexualidad; intenta despojarla de sus dimensiones de dominio y violencia y poner límites al supuesto "instinto irrefrenable del macho". Propicia la trans-formación de los comportamientos sexuales de las mujeres, a partir de la afirmación de su derecho al deseo, al placer, a la intimidad y al afecto. La aparición del movimiento de minorías sexuales contribuye igualmente a transformar las formas de concebir la sexualidad y debilitar el sistema de dominación patriarcal de la sexualidad.


Sabía que...
La pedofilia es un delito, la homosexualidad
no lo es.
Los derechos a la privacidad

      En el presente, la vida personal y social se ha hecho más compleja y plural. La emergencia de nuevos comportamientos y estilos de vida en el campo de la sexualidad muestran el debilitamiento de la hegemonía del modelo de sexualidad tradicional basado en la heterosexualidad como norma absoluta y el dominio sexual del hombre sobre las mujeres. 
En medio de diferentes comportamientos se insinúa una búsqueda personal y social por devolver a la sexualidad las dimensiones de decisión, de intimidad, de apego, de creación, de bienestar y de placer. Nuevas voces se unen a la demanda de respeto a la libre expresión sexual y en distintos países se aprueban nuevas legislaciones para regular nuevas formas de convivencia. Los límites a la libre vivencia de la sexualidad deben estar en la paridad de poder y en el consentimiento libre de los sujetos involucrados. Tener experiencias eróticas y/o amorosas con personas en condiciones de equidad, reciprocidad y consen-timiento libre, es parte de la autonomía de decisión de las personas sobre su vida privada.
      Sin embargo, hechos tan fuertes como la existencia de una red de abuso sexual de menores suscitan miedo y llevan a algunas personas a rechazar cualquier cambio en los comportamientos sexuales y a refugiarse en el modelo de sexualidad más tradicional. Esta reacción demuestra que no contamos con modelos y criterios sociales para evaluar los diferentes estilos de vida, derivados de la complejidad y pluralidad de las sociedades.
      Cualquiera persona que no sea heterosexual, padre de familia o madre, de conducta intachable, se transforma en un peligro. En estos casos se tiende a considerar a un heterosexual sin pareja, a un bisexual o a un homosexual como potencialmente sospechoso de delitos sexuales y vulnerable a la extorsión. ¿Qué es lo que se considera decoroso en el caso de una autoridad pública homosexual? ¿Debe, para ser aceptada y no ser sujeta a extorsión, solo tener relaciones estables y públicas? 
      El hecho que una persona se aleje del modelo de sexualidad patriarcal tradicional no significa automáticamente que sea proclive a cometer delitos de la naturaleza indicada. Los delitos sexuales pueden ser cometidos tanto por personas que públicamente asumen posiciones muy tradicionales de defensa de la familia y la moral cristiana como por sujetos que llevan estilos de vida. Estamos frente a un nuevo campo de definiciones políticas relativo a los grados de tolerancia social, respeto y reconocimiento de los derechos a la intimidad, la privacidad y el desarrollo de la identidad personal.


Sabía que...
La gran mayoría de los agresores son hombres.

La sexualidad: una realidad social en construcción

      La situación actual debiera estimular una discusión amplia sobre una dimensión central y sustantiva en la vida de las sociedades: la sexualidad, la intimidad, las relaciones en la vida privada. Este ámbito social ha sido naturalizado, negándose la existencia de diferentes concepciones, intereses y deseos, así como de posiciones de poder de las personas. Es necesario, entonces, promover el debate a fin de dar cuenta de estas diferencias y construir nuevos acuerdos y normas que reconozcan el derecho a la privacidad y regulen en forma no discriminatoria y equitativa los comportamientos en el campo de la sexualidad.
      La necesaria discusión sobre la sexualidad en la sociedad actual conlleva la prevención de la violencia y el delito, si incluimos una adecuada educación sexual de niños/as y adolescentes.

  • La negación de la sexualidad de los menores conduce a la desinformación tanto en la familia como en el colegio y los deja desprotegidos para identificar a los agresores.
  •  Una parte importante de las distorsiones en torno a la sexualidad proviene de la falta de educación sexual en los colegios y de información que permita abordarla como una dimensión natural del ser humano que es tan diversa como personas hay en una sociedad.


 

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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