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Diciembre
2002

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El estrés de las mujeres

      La complejidad de la vida actual está asociada a los cambios en la cultura, en la organización del trabajo, en la política, en la familia y a la mayor diversidad de estilos de vida personal. Estos cambios, junto a la emergencia de nuevas expectativas personales y nuevos criterios de valoración y de reconocimiento social, demandan a las personas un constante esfuerzo de adaptación. Las nuevas exigencias aumentan las posibilidades de estrés ya que para los nuevos desafíos no existen respuestas predeterminadas sino, al contrario, aparecen diversas e inciertas formas de abordarlos. En este contexto, las experiencias vitales se diferencian más entre sí y las relaciones familiares se empiezan a distinguir de la relación de pareja y la relación de pareja del bienestar personal.
     
Desde hace años, pero cada vez con mayor frecuencia en los últimos meses, han sido publicados una serie de artículos sobre el estrés a los que están sometidas mujeres profesionales. En algunos se alerta sobre los efectos del estrés en la relación de pareja, en la familia y la satisfacción personal. Otros plantean que el estrés afecta diferentemente a hombres y mujeres, teniendo ellas una menor resistencia. Generalmente los artículos se refieren a las tensiones que desgarran a las mujeres ejecutivas entre la vida personal, familiar y laboral. Y terminan haciendo un llamado para que las mujeres desaceleren su ritmo de vida y replanteen las prioridades. Ellos proponen un conjunto de medidas para ganar tiempo y dedicarlo a enriquecer la relación de pareja, que está sustentada cada vez menos en el deber y más en la mutua aceptación y compromiso con la familia y el bienestar personal.
      Argumentos para el cambio propone analizar el estrés de las mujeres desde otros puntos de vista, mostrando nuevas raíces del mismo y pensando en soluciones no sólo de carácter individual.


Sabía que...
El cuidado de las personas como trabajo pagado tiene menor valor en el mercado que el cuidado de las máquinas.
Las mujeres siempre han trabajado
      Las mujeres siempre han trabajado, sobre todo aquellas de hogares más pobres y de menores recursos, y han estado sometidas al cansancio de la doble jornada sin el apoyo de servicios y al interior de una cultura machista que delegaba en ellas todas las responsabilidades domésticas. Sin embargo, podían contar en mayor medida que en la actualidad con redes entre mujeres, con la colaboración de las generaciones mayores y con un entorno social y urbano más estable, seguro, predecible y manejable.
     
El ingreso de un mayor número de mujeres a cargos ejecutivos y de responsabilidad intermedia no es un hecho caído del cielo sino el resultado de un largo proceso que ha cambiado la posición de las mujeres y su grado de acceso a los recursos, así como también es producto de la mayor visibilidad y resistencia de las mujeres a las relaciones desiguales entre hombres y mujeres.
     
Los mayores niveles de educación, los mejores estándares de salud y calidad de vida y la gran revolución que significó poder regular la fecundidad les liberó tiempo y sobre todo, favoreció sus procesos de individuación. Es decir, el que las mujeres pudiesen pensarse como sujetos con derecho a definir sus vidas y tener expectativas propias diferentes a las familiares.
     
Sin embargo, el ingreso de las mujeres profesionales al mundo de trabajo, aunque sea en posiciones segregadas, agrega motivos adicionales de estrés. De acuerdo al modelo tradicional de directivo, a las ejecutivas se les demanda una dedicación casi exclusiva a su institución y se les exige permanentemente demostrar sus capacidades para el cargo. Deben hacer frente a una intensa competencia. La presencia de ellas en estos cargos representa una enorme presión para el cambio de las imágenes tradicionales de género. Ellas pueden estar al mismo nivel profesional que los hombres, discutir sus decisiones e incluso ocupar posiciones de jefatura sobre ellos y sus comportamientos modificar los estilos de trabajo. Por otro lado, ellas están menos dispuestas a asumir la responsabilidad del conjunto de las tareas domésticas y de la estabilidad de la pareja. Esto desestabiliza los viejos equilibrios que las subordinaban.
     
El estrés de las mujeres trasluce entonces no sólo problemas de adaptación personal sino que pone en evidencia la necesidad de cambiar formas de distribuir y organizar el trabajo social, las formas de implementar los servicios y de asumir la responsabilidad social de la maternidad.
 


Sabía que...
Hay un creciente número de hombres que cuestionan el concepto de masculinidad que los ha llevado a ser padres ausentes.
El estrés no es sólo un asunto personal
      Los llamados a desacelerarnos y pensar en formas de vida y de convivencia más armoniosas no sólo son pertinentes para las mujeres sino para el conjunto de la sociedad. Lograrlo sólo es posible si median transformaciones más profundas de carácter estructural, normativo y cultural.
     
En efecto, sólo transformando la división sexual del trabajo, en el sentido de una distribución más equitativa, permitirá debilitar la oposición entre trabajo productivo y reproductivo y buscar soluciones más acordes a las necesidades de armonía entre la vida personal, familiar y laboral. Sin embargo, las medidas para flexibilizar y liberar el tiempo a partir de nuevas formas de organizar el trabajo productivo beneficiará a las mujeres sólo si se redistribuye el trabajo reproductivo. Algunos estudios muestran que mientras el tiempo liberado con nuevas formas de organizar el trabajo es usado por las mujeres para realizar los trabajos domésticos y de cuidado, los hombres lo invierten a favor de su desarrollo personal vía capacitaciones o vida social. De esta manera se aumentan las brechas que existen entre ellos y el estrés de las mujeres que desean desarrollarse aumenta.
     
Es necesario tener en cuenta que las mujeres, y no sólo ellas, aspiran a mejores equilibrios entre las distintas dimensiones de la vida, sin renunciar a participar activamente y en posiciones de liderazgo en la producción de hacer política y participar en la vida pública.
     
No se trata entonces de que las mujeres renuncien a parte de sus aspiraciones en función de sus papeles de esposa y madre y del bienestar personal, como aconsejan los artículos que se han visto en la prensa, sino de transformar la organización de la sociedad para que hombres y mujeres puedan tener las mismas oportunidades de desarrollo personal y social.
     
Para ello es necesario buscar soluciones a estos nuevos problemas que son de carácter público y no privado, y esto pasa por la elaboración de políticas, cambios de mentalidades, implementación de servicios y nuevas formas de organizar y redistribuir el trabajo tanto doméstico como el remunerado.
 


Sabía que...
En una encuesta reciente del SERNAM ninguna mujer joven pensaba su vida dedicada exclusivamente a ser ama de casa.

Para superar el estrés de las mujeres que trabajan remuneradamente

  • Tratar de eliminar la carga de culpas derivada de la socialización de las mujeres que deposita sólo en ellas la necesidad de compatibilizar vida laboral y familiar.
  • Promover debates sobre los sentidos de la masculinidad y la femineidad en la sociedad actual.
  • Fomentar nuevas imágenes realistas y plurales sobre las mujeres y las relaciones de género en los medios de comunicación y en la educación.
  • Estimular en las empresas acciones que permitan la compatibilidad del trabajo con la vida privada de las personas, tanto para las mujeres como para los hombres.
  • Generalizar la toma de conciencia sobre la necesidad del reparto equitativo de derechos y responsabilidades entre mujeres y hombres en la sociedad actual. Específicamente promover la redistribución del trabajo doméstico y de cuidado de las personas en el ámbito familiar y social.
  • Apoyar a través de los servicios públicos la disminución de la carga de trabajo doméstico relativa al cuidado de niños/as, enfermos/as y ancianos/as.
  • Ampliar el acceso de las mujeres a programas de salud laboral y mental pertinentes a sus necesidades y circunstancias de vida.
     

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España y de la Fundación Ford.