
| 57 Diciembre 2002 ¿comentarios?
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El
estrés de las mujeres
La
complejidad de la vida actual está asociada a los cambios en la
cultura, en la organización del trabajo, en la política,
en la familia y a la mayor diversidad de estilos de vida personal. Estos
cambios, junto a la emergencia de nuevas expectativas personales y nuevos
criterios de valoración y de reconocimiento social, demandan a
las personas un constante esfuerzo de adaptación. Las nuevas exigencias
aumentan las posibilidades de estrés ya que para los nuevos
desafíos no existen respuestas predeterminadas sino, al contrario,
aparecen diversas e inciertas formas de abordarlos. En este contexto,
las experiencias vitales se diferencian más entre sí y las
relaciones familiares se empiezan a distinguir de la relación de
pareja y la relación de pareja del bienestar personal. |
Sabía que... El cuidado de las personas como trabajo pagado tiene menor valor en el mercado que el cuidado de las máquinas. |
Las mujeres siempre han trabajado Las mujeres siempre han trabajado, sobre todo aquellas de hogares más pobres y de menores recursos, y han estado sometidas al cansancio de la doble jornada sin el apoyo de servicios y al interior de una cultura machista que delegaba en ellas todas las responsabilidades domésticas. Sin embargo, podían contar en mayor medida que en la actualidad con redes entre mujeres, con la colaboración de las generaciones mayores y con un entorno social y urbano más estable, seguro, predecible y manejable. El ingreso de un mayor número de mujeres a cargos ejecutivos y de responsabilidad intermedia no es un hecho caído del cielo sino el resultado de un largo proceso que ha cambiado la posición de las mujeres y su grado de acceso a los recursos, así como también es producto de la mayor visibilidad y resistencia de las mujeres a las relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Los mayores niveles de educación, los mejores estándares de salud y calidad de vida y la gran revolución que significó poder regular la fecundidad les liberó tiempo y sobre todo, favoreció sus procesos de individuación. Es decir, el que las mujeres pudiesen pensarse como sujetos con derecho a definir sus vidas y tener expectativas propias diferentes a las familiares. Sin embargo, el ingreso de las mujeres profesionales al mundo de trabajo, aunque sea en posiciones segregadas, agrega motivos adicionales de estrés. De acuerdo al modelo tradicional de directivo, a las ejecutivas se les demanda una dedicación casi exclusiva a su institución y se les exige permanentemente demostrar sus capacidades para el cargo. Deben hacer frente a una intensa competencia. La presencia de ellas en estos cargos representa una enorme presión para el cambio de las imágenes tradicionales de género. Ellas pueden estar al mismo nivel profesional que los hombres, discutir sus decisiones e incluso ocupar posiciones de jefatura sobre ellos y sus comportamientos modificar los estilos de trabajo. Por otro lado, ellas están menos dispuestas a asumir la responsabilidad del conjunto de las tareas domésticas y de la estabilidad de la pareja. Esto desestabiliza los viejos equilibrios que las subordinaban. El estrés de las mujeres trasluce entonces no sólo problemas de adaptación personal sino que pone en evidencia la necesidad de cambiar formas de distribuir y organizar el trabajo social, las formas de implementar los servicios y de asumir la responsabilidad social de la maternidad. |
Sabía que... Hay un creciente número de hombres que cuestionan el concepto de masculinidad que los ha llevado a ser padres ausentes. |
El estrés no es sólo
un asunto personal Los llamados a desacelerarnos y pensar en formas de vida y de convivencia más armoniosas no sólo son pertinentes para las mujeres sino para el conjunto de la sociedad. Lograrlo sólo es posible si median transformaciones más profundas de carácter estructural, normativo y cultural. En efecto, sólo transformando la división sexual del trabajo, en el sentido de una distribución más equitativa, permitirá debilitar la oposición entre trabajo productivo y reproductivo y buscar soluciones más acordes a las necesidades de armonía entre la vida personal, familiar y laboral. Sin embargo, las medidas para flexibilizar y liberar el tiempo a partir de nuevas formas de organizar el trabajo productivo beneficiará a las mujeres sólo si se redistribuye el trabajo reproductivo. Algunos estudios muestran que mientras el tiempo liberado con nuevas formas de organizar el trabajo es usado por las mujeres para realizar los trabajos domésticos y de cuidado, los hombres lo invierten a favor de su desarrollo personal vía capacitaciones o vida social. De esta manera se aumentan las brechas que existen entre ellos y el estrés de las mujeres que desean desarrollarse aumenta. Es necesario tener en cuenta que las mujeres, y no sólo ellas, aspiran a mejores equilibrios entre las distintas dimensiones de la vida, sin renunciar a participar activamente y en posiciones de liderazgo en la producción de hacer política y participar en la vida pública. No se trata entonces de que las mujeres renuncien a parte de sus aspiraciones en función de sus papeles de esposa y madre y del bienestar personal, como aconsejan los artículos que se han visto en la prensa, sino de transformar la organización de la sociedad para que hombres y mujeres puedan tener las mismas oportunidades de desarrollo personal y social. Para ello es necesario buscar soluciones a estos nuevos problemas que son de carácter público y no privado, y esto pasa por la elaboración de políticas, cambios de mentalidades, implementación de servicios y nuevas formas de organizar y redistribuir el trabajo tanto doméstico como el remunerado. |
Sabía que... En una encuesta reciente del SERNAM ninguna mujer joven pensaba su vida dedicada exclusivamente a ser ama de casa. |
Para superar el estrés de las mujeres que trabajan remuneradamente
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