56
noviembre
2002

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El tiempo pasa: ¿cómo nos ponemos viejas?

      "En casi todas las partes del mundo las mujeres viven más que los hombres, tienen más probabilidades de ser pobres en la vejez, corren un riesgo más alto de padecer enfermedades crónicas y discapacidades y de ser objeto de marginación y discriminación. Las mujeres también se ocupan más de cuidar a los demás, y a menudo deben hacer frente a una triple responsabilidad: cuidar de los hijos, cuidar de los padres y, por supuesto, atender a su propio bienestar. Pero con frecuencia se pasa por alto su contribución a la familia, la comunidad y la economía." Kofi Annan, Secretario General de Naciones Unidas
     
Esta apreciación del más alto responsable de Naciones Unidas describe con claridad una realidad, la del envejecimiento que afecta de forma diferente a los hombres y a las mujeres. Son mujeres las personas que viven más años; mujeres las que cuidan de las personas ancianas de las familias y en su mayoría son también mujeres las trabajadoras de la salud que dedican su tiempo al cuidado de la tercera edad.
     
A lo largo de la vida, las mujeres se ven enfrentadas a situaciones que están en la base de su mayor vulnerabilidad cuando llegan a viejas. La mayoría de ellas han dedicado su vida a la familia, a ser esposas, madres, hijas, sostenedoras de la familia y de la pareja y responsables de la armonía en el hogar. El peso de la cultura y los condicionamientos sociales hacen que muchas veces ellas se pongan en el último lugar y se sientan culpables de dedicar tiempo para sí mismas y a su trabajo remunerado, lo que les limita el desarrollo laboral y la protección para la vejez. Pero, al mismo tiempo, cuentan con recursos personales desarrollados durante su vida que pueden usar con ventaja para vivir más satisfactoriamente las relaciones con los demás en la última etapa de su vida.
      Argumentos para el cambio quiere promover la reflexión sobre los/as adultos mayores, en especial sobre nuestras madres, hermanas y abuelas y sobre nosotras mismas. Si bien parte importante de la responsabilidad sobre el bienestar de esta etapa de la vida le corresponde a las instituciones, las propias mujeres pueden prepararse y cuidar de sí mismas para vivir satisfactoriamente estos años.


Sabía que...
En el año 2050 habrá en el mundo más personas mayores que niños y niñas.
La vejez tiene sexo
      Como sucede con las restantes etapas de la vida, el inicio temporal de la vejez es relativo, al ser producto de acuerdos y convenciones sociales cambiantes. Su definición social tiene estrecha relación con la calidad y la prolongación de la vida. A diferencia del pasado, el comienzo de la vejez no sólo ha retrocedido sino que ésta se prolonga por más años. Frente al aumento de personas de ochenta años todavía activas, las de sesenta y setenta tienen mucho camino que recorrer aún. Por otra parte, no es lo mismo tener 70 años hoy que cincuenta años atrás. Asimismo las mujeres de setenta contarán en el futuro con otros recursos y experiencias para enfrentar este momento de la vida.
     
Pero, en un mismo momento histórico el ser hombre o mujer de la tercera edad tiene distintos significados y riesgos. Un hombre viejo activo puede ser respetado por su experiencia y aportes, mientras las mujeres, por su situación discriminada, suelen ser descalificadas como personas que no se adaptan a los nuevos tiempos. Se acepta y valora que hombres mayores tengan una vida sexual activa y se relacionen con mujeres más jóvenes; en cambio las mujeres de esa misma edad tienen menos oportunidades de hacer pareja y vivir su sexualidad. También varía según el sector social, ya que los sistemas de seguridad social deficientes exponen a las mujeres de ingresos medios y bajos, en mayor medida que a los hombres, a una vejez empobrecida.
     
Las diferencias entre hombres y mujeres se basan en muchos estereotipos, prejuicios y discriminaciones que no dan cuenta de los cambios en la sociedad. Muchas mujeres que comenzaron su vida profesional muy jóvenes, la siguen ejerciendo hasta muy avanzada edad y su desempeño profesional suele ser igual o mejor que el de sus pares varones. Por su parte, el enorme porcentaje de mujeres que no trabajó remuneradamente a lo largo de su vida sigue realizando actividades de gran valor para la reproducción social: son responsables del cuidado de sus nietos, continúan apoyando a sus hijos e hijas hasta edades muy avanzadas, ya sea con el trabajo doméstico o el cuidado de los menores. Las madres suelen ser indispensables para el despegue de las parejas jóvenes de menores recursos. Asimismo poseen recursos exclusivos, es decir, todas aquellas cualidades y características de su estar en el mundo que les proporcionan talentos específicos que limitan su vulnerabilidad y las convierten en personas productivas y activas, retando el modelo esperado de viejecitas modosas y amables, pero básicamente no interesantes, como dice Anna Freixa en "Luces y Sombras en la vida de las mujeres".
     
Finalmente, cuando los hijos crecen o ellas enviudan, muchas mujeres entran en momentos de bienestar y libertad al disminuir su carga de trabajo y no estar ya sometidas a la autoridad del otro. Estos sentimientos pueden ser un gran estímulo para el desarrollo y la creatividad personal. Los centros para la tercera edad, a los que asisten mayoritariamente mujeres, son una demostración de esto, y se han transformado en espacios excepcionales de creación y solidaridad.
 


Sabía que...
En 1999 se celebró el Año Internacional de las Personas Envejecientes de las Naciones Unidas.
Dime como vives y te diré que tipo de vejez tendrás...
      Niveles de educación altos y estilos de vida independientes sustentan formas de vida más satisfactorias y preparan para una vejez más autónoma, física, económica y emocionalmente. Los conocimientos de medicina y nutrición pueden ayudar a contrarrestar los efectos negativos de la menopausia, evitando los accidentes cardiovasculares y la osteoporosis.
     
La adultez mayor no tiene, entonces, que considerarse una etapa sin oportunidades ni significados. No hay razones para terminar con el ejercicio de la sexualidad que debe incursionar nuevos caminos de disfrute, afecto e intimidad, ni tampoco para renunciar a introducir cambios en la rutina de vida.
     
A medida que van avanzando en el ciclo vital, las mujeres pueden ir generando vínculos entre sí y entre generaciones que les permiten contar con referentes afectivos y no aislarse. Al mismo tiempo, si disponen de tiempo para sí mismas y han aprendido a disfrutar, valorar y defender la autonomía, serán capaces de disfrutar aún la soledad como una oportunidad de tranquilidad y de encuentro consigo mismas, propicio para los balances. También podrían estar mejor preparadas para enfrentar experiencias nuevas de gran intensidad vital como es la enfermedad, la pérdida del entorno inmediato y la posibilidad de la propia muerte.
     
La posibilidad de que las mujeres puedan considerar el envejecer como "un logro, un triunfo, una ventaja, una suerte y no un cataclismo" -como apunta Anna Freixas de la Universidad de Córdoba, España-, requiere, como siempre, del esfuerzo de las propias mujeres, pero también del conjunto de la sociedad y de las instituciones.
     
Las instituciones deberán abordar las necesidades y demandas de esta etapa de la vida teniendo en cuenta las diferentes realidades sociales y de género para mantener la calidad de vida de la población y de paso prevenir crisis sanitarias en el futuro.
     
El reconocimiento y respeto a la diversidad debería traducirse en un reconocimiento y valoración de las personas de edad.
 


Sabía que...
En la actualidad hay en el mundo 328 millones de mujeres de 60 y más años y sólo 265 millones de hombres.

Por una vejez satisfactoria

1. Derecho a la salud y a decidir responsablemente sobre nuestro cuerpo y nuestra vida contando con información adecuada.
2. Derecho al trabajo y al descanso con jubilaciones apropiadas cuando llega el momento.
3. Derecho a la dignidad personal, respeto a las diferencias, sin infantilizar a las personas mayores.
4. Derecho a una familia y comunidad que respeten y valoren su independencia y acceso a condiciones para una vida digna.
5. Derecho a la consideración social del envejecimiento como una etapa normal de la vida.
6. Derecho al amor y la sexualidad.
7. Derecho a la ayuda si hay limitaciones físicas o psicológicas, sin temor al rechazo o a la burla.
Es preciso:
1. Políticas urbanas y de seguridad ciudadana para mejorar el desplazamiento de las personas mayores de manera segura y fácil. 
2. Políticas educativas y de salud: Comprometer a las personas mayores en su autoprotección y cuidado.
3. Políticas culturales: Fomentar la cultura de respeto a la vejez y de erradicación de la violencia.
4. Políticas sociales solidarias y eliminación de la discriminación de las mujeres en el sistema previsional y de salud que inciden en una vejez femenina emprobrecida.

 

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales

   

 

Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España y de la Fundación Ford.