54
septiembre
2002

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Por una nueva distribución del trabajo

    La vida de las personas se ha transformado en las últimas décadas. La introducción de nuevas tecnologías ha disminuido los tiempos de producción y ampliado la oferta de bienes y servicios para satisfacer una demanda cada vez más heterogénea. Para atender esta demanda y a las exigencias de competitividad las jornadas de trabajo remunerado se organizan en horarios muy diferentes.
    
Sin embargo, las nuevas formas de organización de las jornadas laborales no toman en cuenta la gran cantidad de actividades extra-laborales que deben realizar mujeres y hombres. Debido a los cambios tecnológicos las personas están obligadas a dedicar el tiempo libre a esfuerzos para aumentar sus saberes, competencias y productividad. Asimismo, en las sociedades actuales la cantidad y variedad de actividades no remuneradas aumentan por lo que las jornadas de trabajo exceden la jornada de trabajo remunerado.
    
Pese a estos cambios se mantiene la división sexual del trabajo y se sigue pensando que son las mujeres quienes deben realizar las actividades no remuneradas y que los hombres no necesitan hacer nada fuera del trabajo: ni hacer trámites, ni llevar los hijos al médico, ni compartir tareas domésticas. Se afirma entonces que sería deseable que las mujeres trabajaran a tiempo parcial lo que les permitiría conciliar más fácilmente las tareas domésticas y de cuidado con el trabajo remunerado. Pero como veremos, las jornadas a tiempo parcial no aseguran necesariamente la compatibilidad buscada ni tampoco debieran estar dirigidas necesariamente a mujeres.
    
Argumentos para el cambio considera que las modificaciones en la organización del tiempo de trabajo, algunas de carácter inevitable, deben hacerse tomando en cuenta la totalidad del trabajo realizado por las personas. Por otra parte plantea la necesidad de un nuevo reparto de trabajo entre hombres y mujeres para avanzar en el logro de la equidad de género.
 
 


Sabía que...
El informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, constató que las mujeres realizan más de la mitad del total del tiempo de trabajo del mundo. (PNUD, 1995)

El trabajo es más que la jornada laboral remunerada
    En las sociedades actuales la cantidad y variedad de actividades no remuneradas aumenta y la jornada de trabajo excede la jornada de trabajo remunerado. La mayor complejidad de la vida les obliga a estar informadas para adaptarse a los cambios y capacitarse así como para elegir entre las distintas alternativas que existen para acceder a los beneficios que ofrecen las instituciones y para cumplir las normas que regulan la convivencia: uso de subsidios y servicios, declaraciones de impuestos, pago de patentes, pago de cuentas, por nombrar algunas. Mujeres y hombres requieren, entonces, de tiempo no sólo para desempeñar su empleo y las tareas del hogar y del cuidado de las personas, sino también para realizar las nuevas actividades asociadas a la formación, acceso a instituciones y servicios y cumplimiento de deberes ciudadanos.
    Este aumento de las actividades extralaborales hace más crítico el incremento de las horas de trabajo en el país. Mientras en los países de Europa y Norteamérica ha disminuido la jornada laboral, en Chile el promedio de horas trabajadas es de 48 a la semana. Incluso hay sectores como el comercio, en el que las jornadas pueden ser de 10 horas, 6 días a la semana, vale decir 60 horas semanales. La organización de la jornada, los tiempos destinados a traslado y las horas de colación ocupan en la práctica casi todo el día de las personas.
    En los últimos años, junto al aumento de horas de las jornadas de trabajo remunerado se ha incrementado el número de personas que trabajan jornadas reducidas, realizadas en forma mayoritaria por las mujeres. Como las mujeres, salvo excepciones, son las que están a cargo de todo el trabajo doméstico y las actividades asociadas, que implican una relación permanente con distintas instituciones (salud, educación y toda clase de servicios), se afirma que este tipo de trabajo sería ideal para armonizar la vida familiar y laboral.
    Sin embargo, el trabajo a tiempo parcial no significa que se trabaje regularmente medio día como podría pensarse. Muchos de los trabajos part time no están sujetos a horarios ni jornadas fijas de trabajo, ya que éstas pueden variar sin o con poco aviso previo y porque se realizan en días de fin de semana y feriados. Los horarios y extensión de la jornada frecuentemente se modifican en forma inconsulta variando también, por tanto, los ingresos percibidos.
    "En junio trabajé tres o cuatro días a la semana de las 10 a las 21 horas y tenía el resto de la semana libre. En julio estoy a tiempo parcial, trabajo todos los días de lunes a viernes de 15 a 21 horas y el domingo todo el día. No sé si el cambio es definitivo o cambiaré de nuevo... El número de horas que trabajo varía de mes a mes, depende de las ventas". (Vendedora part time en tienda de mall)
    "Me contrataron por turnos. Cinco días de 5 horas y media, un día de 10.30 a 21.30, viernes libre siempre... a veces cambian el horario, cuando a la jefa se le ocurre, me avisan horas antes, depende si está bueno, si es fin de mes y si estoy en la casa me llama para que venga por algunas horas aunque esté en mi día libre". (Vendedora part time en tienda de mall)
    Estos testimonios ponen de manifiesto que las jornadas laborales operan sobre la base de la disponibilidad de los trabajadores/as a las exigencias de la empresa, en las horas en que se les demande, en cualquier momento del día, aunque sean contratados a tiempo parcial.
 


Sabía que...
Si se cuantificara el trabajo no remunerado de las mujeres, el producto mundial aumentaría en 11 billones de dólares.

Hacia un nuevo reparto del trabajo
    Los trabajos part time tal como se lo entiende hoy día, no resuelven las incompatibilidades entre vida personal, familiar y laboral ni significan una distribución más justa del trabajo entre hombres y mujeres.
    La asignación de las mujeres a trabajos de tiempo parcial presenta el gran riesgo de reforzar la división sexual del trabajo. La responsabilidad exclusiva del trabajo doméstico y cuidado les resta posibilidades de formarse o participar en actividades recreativas y públicas.
    Como el trabajo parcial significa generalmente un ingreso al mercado laboral en condiciones más desventajosas, a trabajos más precarios y peor pagados, ellas están en situaciones negativas respecto a los hombres. Esto les impide afirmar su independencia, decidir sobre su destino y anticipar su seguridad futura; también disminuye su poder negociador con relación a la distribución de deberes y oportunidades entre los miembros de la pareja.
    Sin embargo, es razonable pensar que las personas tengan la opción de trabajar a tiempo parcial. Hombres y mujeres pueden necesitar jornadas más cortas para continuar con su educación o la formación para el trabajo, para atender requerimientos extraordinarios en su vida privada, para el cuidado de bebés, para organizar su desplazamiento o retiro del mercado del trabajo. Por tanto, jornadas parciales menos arbitrarias y negociadas deberían estar abiertas tanto para hombres como para mujeres. Asimismo, el paso a la jornada parcial no debería impedir volver a jornadas de tiempo completo cuando cambia la situación personal.
    No se tiene entonces que concebir el tiempo parcial como un tipo de trabajo para mujeres para cumplir con obligaciones familiares. Hay mujeres con hijos que necesitan y quieren trabajar jornadas completas, como personas que sin tener hijos quieren disminuir las horas de trabajo. Según la encuesta CASEN del año 2000, 55% de las mujeres que trabajan menos de 35 horas semanales desean trabajar más horas. Tampoco se puede pensar en organizar jornadas de trabajo sin considerar todo el trabajo en su conjunto.

 


Sabía que...
La organización del tiempo de trabajo remunerado y no remunerado debe ser igual para hombres y mujeres.

Organicemos el tiempo de trabajo con equidad
    No es posible pensar en una organización y distribución justa del tiempo de trabajo, ni en la compatibilización trabajo, familia y vida personal y social si no se tiene en cuenta el tiempo total del trabajo realizado por hombres y mujeres por un lado y, por otro, si no se considera la división del trabajo entre hombres y mujeres.
Algunas medidas en el sentido propuesto podrían ser las siguientes:

  • El Estado, con el debido respeto a los derechos individuales, debería formular políticas que propicien una nueva distribución de tareas y recursos en el ámbito familiar y laboral entre los sexos.
  • Las mujeres y otros trabajadores que piden reducción de su jornada por un período deberían tener la posibilidad de pasar luego a una jornada completa. En este sentido el paso entre jornada parcial y completa debería ser más fluido.
  • Las empresas deben negociar con los trabajadores los usos del tiempo. La mejor articulación entre vida familiar y laboral y la negociación de los horarios de la jornada laboral mejora el clima laboral.
  • La Educación y la Cultura deben transmitir valores de igualdad, de respeto a las diferencias y de rechazo a la discriminación.
     

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