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julio - agosto
2002

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Vivir mejor en las ciudades 

    El paro de las micros en Santiago tuvo efectos no buscados por los empresarios que lo impulsaron. De un día para otro, la ciudadanía se encontró con una ciudad diferente, sin ruido, sin contaminación, sin transporte, por supuesto, pero una ciudad donde los vecinos y vecinas se comunican, alguno ofrece su auto para llevar a otro y sobre todo, una ciudad donde la gente habla, expresa su opinión. Durante los dos días de paro y las semanas posteriores hemos escuchado numerosas opiniones de personas de todos los niveles sociales y tipo de actividad, hombres y mujeres. La mayoría de esas opiniones se refieren a lo que significa vivir en una ciudad que ha crecido y cambiado tanto en las últimas décadas.
    
Lo más importante de este fenómeno de participación ciudadana es que las personas creen que es posible vivir en ciudades distintas. El paro de buses hizo visible una realidad oculta que afecta de distinta manera a diferentes personas. Esa realidad se traduce en una ciudad segregada, donde hay personas que deben emplear tres horas cada día para ir y volver de su trabajo, una ciudad donde la calidad de los servicios difiere fuertemente según el barrio donde se viva y donde existen problemas de seguridad. La no consideración de todos los factores que intervienen en la solución de los problemas afecta en mayor medida a las mujeres puesto que ellas son las que tienen más obligaciones diferentes y contradictorias dentro y fuera del hogar.
    
Queda claro que es necesario un cambio y que ese cambio debe basarse en decisiones que tomen en cuenta a todas las personas, ya sean hombres o mujeres, escolares o con alguna discapacidad.
    Argumentos para el cambio quiere entrar en el debate y contribuir a imaginar una ciudad más vivible y donde se pueda vivir y convivir.
 
 


Sabía que...
La ciudad de Santiago tiene 10 mil buses para una población de 5 millones mientras que San Pablo (Brasil) sólo tiene 8 mil para una población de 15 millones.
¿Qué calidad de vida tenemos en las ciudades?
    La vida cotidiana es distinta de acuerdo al sexo, la edad, la procedencia socioeconómica y cultural así como del lugar de residencia, urbana o rural. Las transformaciones ocurridas en las últimas décadas en el país han acelerado el ritmo de la vida diaria, han aumentado las distancias entre el hogar y el trabajo, las escuelas, los servicios públicos, lo que hace más difícil transitar por las ciudades.
    
La distribución de oportunidades, de esferas de acción y de responsabilidades entre mujeres y varones, influye en el uso del tiempo y del espacio de cada uno de ellos. Las mujeres se están incorporando crecientemente al trabajo remunerado y, ADEMÁS, deben ocuparse de todos los servicios a la familia, de los colegios, la atención de la salud, la compra de alimentos y vestuario, los reclamos por cobros indebidos de las cuentas, entre otras tareas que las lleva a desplazarse por la ciudad.
    
Las deficiencias en la infraestructura urbana, en el transporte, los servicios básicos, en especial los de cuidado infantil, de enfermos y ancianos, hacen más pesada la jornada diaria de las mujeres y las obligan a gastar más energía, especialmente a aquellas que no cuentan con ayuda y viven en sectores con menos recursos.
    
El transporte urbano parece pensado para personas de un solo sexo, hombres jóvenes o de mediana edad, saludables y sin obligaciones familiares, ni hijos que llevar, que se trasladan masivamente en los horarios de ingreso y salida del trabajo. No considera las necesidades de personas ancianas o con discapacidades, la protección a niños y niñas, los problemas que les causa a las embarazadas la forma de conducir. Por otro lado, el diseño de las calles privilegia a las personas que tienen auto, que hacen un uso excesivo e ineficiente de ellas, cuando la mayoría se traslada en bus o en metro.
    
Las mujeres y las niñas siguen expuestas a distintas formas de agresión sexual en las micros y en la calle que se acentúa en los lugares donde no existe una adecuada iluminación y vigilancia y cuando las micros van más llenas.
    
El sistema de pago a los choferes, cuya remuneración depende de los boletos cortados, los lleva a competir por los clientes. De esta manera se realizan verdaderas carreras entre micros que ponen en peligro a los pasajeros y transeúntes, así como la salud física y mental de los choferes.
    
No sólo el transporte sino también la larga jornada laboral, la ubicación de los colegios y consultorios, la calidad del aire y las dificultades para tener tiempo y oportunidades de esparcimiento están influyendo en la vida y bienestar de las personas y en sus estados de ánimo.
    
Esto se debe y se puede cambiar. De hecho, ya se han visto avances y hay planes concretos en discusión. Sin embargo, no es fácil, hay demasiados intereses encontrados, como lo demuestra el paro de dueños de buses para oponerse a regulaciones más racionales del transporte. También la ciudad paga las consecuencias de largos años de desinterés por el bienestar de zonas importantes de la ciudad, que han crecido sin una adecuada planificación, lo que lleva a la necesidad de realizar grandes inversiones, como la red de colectores de agua lluvia, para enfrentar las inundaciones. Pero no todo es así. Por poner un ejemplo, con poco costo y muchos beneficios se podrían organizar los horarios de ingreso y salida del trabajo para evitar los embotellamientos que aumentan el tiempo de traslado y agravan el problema de contaminación.
    
Sería necesario informarse y participar activamente en los debates que se están llevando a cabo sobre planificación urbana y el mejoramiento de servicios para que se tome en cuenta las diferentes necesidades de la vida cotidiana.
 


Sabía que...
Un estudio de SERNAM de 2001 muestra que las mujeres consumen más tranquilizantes que los hombres (16,9% de las mujeres y 7,5% de los hombres).

Un día en la vida de María
    Imaginemos una jornada diaria en la vida de una mujer trabajadora que vive en Santiago. María trabaja en un negocio que queda en el sector oriente, vive en un barrio de La Florida, tiene una hija y un hijo de 10 y 8 años (ya pasó la época de tener que llevarlos en brazos), su marido trabaja en Cerrillos. La jornada de María comienza a las 6 porque tiene que levantar a sus hijos, preparar el desayuno, dejar la casa ordenada, bañarse, vestirse, pasar a dejar a sus hijos al colegio porque el trabajo de su marido queda más lejos. Después de dejar a la niña en un colegio y al niño en otro, que felizmente está cerca, espera la micro que a veces tarda en pasar, se sube y con suerte encuentra un asiento donde intentará dormitar durante la hora del trayecto. María atiende público hasta las siete de la tarde cuando sale disparada a esperar la micro, que ahora va llena, seguro, tendrá que aguantar tal vez a algún tipo que se aprieta de manera sospechosa contra ella y los frenazos del chofer que va echando carrera con otro, llegar corriendo a buscar a sus hijos en casa de Francisca, su vecina, que los recoge del colegio junto con los suyos porque salen a las cinco y ella está en casa desde que dejó el empleo, por ahora, con la guagua chica que pasa enferma por la contaminación.
    
El día de semana no hay tiempo para mucha conversación porque María debe llegar a preparar la cena, supervisar las tareas y asegurarse de que sus hijos se laven, no peleen, no vean tanta televisión. Pasadas las nueve llega su marido y se sientan por fin a comer algo, los niños ya están en la cama y quizás puedan ver algún programa mientras María prepara la ropa de todos para el día siguiente.
    
Cuando llueve todo es un caos, la micro no pasa nunca, el barrio se inunda y María llega tarde a su trabajo. Cuando alguien se enferma el caos es aún mayor porque tendrá que pedir permiso en el trabajo para ir al consultorio o al hospital, llamar a su madre para que se quede en casa con la niña enferma y después ir a dejarla a la micro porque le da miedo estar sola en el paradero.
    
Sobre el transporte que le hace perder tanto tiempo y le hace pasar rabias, la jornada tan larga que le da excusas a su marido para no ayudarla en la casa, la contaminación que enferma a su hijo o a su hija varias veces cada invierno, las inundaciones que convierten cada lluvia en un drama, la falta de lugares de esparcimiento para compartir con los vecinos y las vecinas (y no sólo cancha para los hombres)• en fin, de todas estas cosas conversó María durante el paro de micros.
 


Sabía que...
Una encuesta del CEM a 200 personas del comercio, industria y servicios en Santiago mostró que el 52% de las mujeres y el 47% de los hombres trabajan remuneradamente más de 10 horas diarias.

Por una ciudad más vivible
    Si se tomara en cuenta las necesidades de las mujeres en la planificación de la ciudad y del transporte urbano estas serían varias de las medidas indispensables. Aunque algunas están en marcha, es necesario insistir en los requerimientos diferentes de distintos grupos de personas:

  • Analizar las formas de uso del tiempo y el espacio de hombres y mujeres para conocer las diferentes necesidades de la población.
  • Fomentar la participación de las mujeres en los procesos de diagnóstico y toma de decisiones para los cambios urbanísticos y del transporte.
  • Adecuar los horarios de atención y la cantidad y distribución de los servicios a las nuevas exigencias de la vida actual.
  • Hacer compatibles el trabajo remunerado y las responsabilidades familiares tanto para mujeres como para hombres.
  • Mejorar la iluminación y vigilancia en todas las calles y lugares públicos para disminuir la violencia.
  • Generar espacios públicos agradables, accesibles, seguros y útiles tanto para mujeres como para hombres, que favorezcan la relación entre las personas.
     

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España y de la Fundación Ford.