45
julio
2001

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La salud, la belleza y el placer

El cuerpo de las personas, en especial el de las mujeres, ha estado presente en el imaginario, en los discursos y las prácticas de las distintas culturas, los que han variado con el tiempo. En la época colonial los atuendos escondían casi totalmente los cuerpos. En el presente las mujeres amazónicas dejan sus pechos al aire mientras las andinas ocultan sus cuerpos debajo de muchas faldas, sombreros y chales. Las mujeres islámicas apenas se muestran tras sus velos. La indumentaria manifiesta así las reglas y criterios morales, estéticos y sociales presentes en las distintas sociedades.
    En nuestra sociedad contemporánea el vestuario no tiene una relación tan inmediata con la moral y la posición social de las personas, y existe mayor libertad que antes para elegir los atuendos de acuerdo a los gustos, deseos y posibilidades de cada persona. La belleza y la salud son conceptos fuertemente valorados. Estos conceptos orientan la producción de bienes y servicios (laboratorios, centros de estética, gimnasios, programas de salud y educación), así como las prácticas individuales de cuidado cotidiano del cuerpo.
    Sin embargo, para las mujeres, valorar la belleza y cuidar la salud pueden tener distintos sentidos. Por una parte, puede significar un mayor conocimiento del cuerpo y autoestima personal, un gesto de libertad para elegir cómo comunicarse con el mundo a través del cuerpo. Por otra, puede significar, al contrario, la sumisión a modelos de belleza y salud impuestos tanto por los intereses del mercado como por el orden de género que asigna a las mujeres el papel de complacer a los hombres.
    
Argumentos para el cambio quiere llamar la atención sobre los resultados contradictorios que pueden desprenderse de los discursos actuales sobre el cuerpo, la belleza, la sexualidad y la salud: ampliar la libertad, autonomía y autoestima de las personas o bien instaurar nuevas formas de control y sumisión.
 
 


Sabía que...
la forma de entender la belleza y el •pudor• han variado en la historia de la humanidad. La Inquisición consideraba brujas a las mujeres muy delgadas.
El mito de la belleza única
Las normas propuestas por la •industria de la belleza• y difundidas por los medios de comunicación imponen modelos de hermosura que para la mayoría de las mujeres están lejos de su experiencia de vida, de sus características físicas y de sus posibilidades de consumo.
    Sin embargo, por el poder que poseen tales instituciones, sus mensajes inciden en los deseos y expectativas de las mujeres, las llevan a hacer grandes sacrificios y experimentar frustraciones y sentimientos de inadecuación, inferioridad y rechazo. La delgadez extrema requerida para ser considerada •bella• muchas veces arrasa con la salud mental y física de muchas jóvenes y mujeres adultas. La anorexia, verdadera pesadilla, testimonia el grado de autocastigo y negación de su individualidad a los que se someten para adaptarse a este patrón. Sus energías son desviadas de proyectos personales y derrochadas en una carrera obsesiva para cumplir con estas normas flagelándose con el hambre y ejercicios interminables.
    El ideal de belleza transmitido es fuertemente discriminatorio. Según sea gorda o más delgada, joven o mayor, discapacitada o no, de tez blanca, morena o negra, rubia o castaña, y según otros criterios físicos, la mujer es ubicada de modo distinto en la •jerarquía de la belleza•, y muchas veces el •puntaje• alcanzado afecta sus posibilidades en el mercado de trabajo y en el circuito de los afectos.
    Finalmente, las normas estéticas a veces permean las concepciones de salud y las actitudes de los profesionales de este campo. Dejando de lado la obesidad mórbida, que sí es una enfermedad con conocidos efectos nocivos para el organismo, el peso y las medidas que ofenden a la belleza o la •salud estética• también se han vuelto una especie de patología, algo a ser tratado por los médicos y con medicamentos, los que al desequilibrar el organismo, pueden producir enfermedades. Algunos profesionales de la salud, al igual que ciertos medios de comunicación y revistas femeninas, imbuidos por sus propias concepciones culturales y movidos por criterios de mercado, contribuyen a homogeneizar las expectativas de las mujeres en torno a un solo modelo de belleza.
 


Sabía que...
la mayoría de las relaciones eróticas no llevan a la procreación.

Cuerpo, sexualidad y mitos
Durante largo tiempo, nuestra tradición cultural representó el cuerpo como una sospechosa fuente de placer con zonas intocables y asoció el placer con el pecado. 
    En la actualidad, los cambios culturales traen nuevos discursos que se refieren a la sexualidad como algo fundamental en el desarrollo de la persona y de las relaciones humanas.
    Muchos mitos sobre la sexualidad están siendo revisados en la medida que ella deja de ser comprendida como mero hecho biológico para ser entendida como prácticas que tienen una historia y están inscritas en relaciones sociales y sistemas culturales.
    Pensar la sexualidad como un simple hecho biológico ha llevado a afirmar que hay reglas universales y estables que regulan los comportamientos sexuales y autorizan a hablar de •sexualidad normal• y de •sexualidades desviadas•.
    Asimismo se ha considerado la sexualidad como una actividad limitada a una de las etapas de la vida • la edad reproductiva. La sexualidad de los niños y las niñas, adolescentes y mayores es negada, cuando no reprimida o ridiculizada. Otras formas de sexualidad no ligadas a la reproducción como el autoerotismo y la homosexualidad también son castigadas, se les considera enfermedades y se las condena social y hasta legalmente.
    Los mitos alrededor de la sexualidad de las mujeres tal vez sean aquellos de los más difundidos e insidiosos. Eva: mujer fuente de tentación y pecado. María Magdalena: la mujer prostituta. María: la mujer sin sexualidad. En estas representaciones, la sexualidad femenina aparece como amenazante, pecaminosa o negada. Estos mitos tuvieron consecuencias en la forma en que las mujeres fueron valoradas y en cómo ellas mismas reconocieron y valoraron su sexualidad. La sociedad y la justicia muchas veces justificaron (y aún justifican) la violencia contra la mujer bajo criterios de mayor o menor castidad basados en tales mitos.
    Son creencias y mitos como éstos los que están siendo interpelados hoy día por los movimientos por los derechos sexuales y reproductivos, que plantean que la sexualidad también está inscrita en la historia y en la política. Y es que la historia de la sexualidad es la expresión de cómo cada sociedad ha pensado y decidido la manera en que se debería vivir, disfrutar o negar el cuerpo
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Sabía que...
la anorexia y la bulimia son enfermedades graves que han aumentado por los patrones de belleza represivos.

Valoremos la diversidad de experiencias

  • Reconocer las diferencias históricas, de las distintas culturas y de las personas sobre la manera de pensar la sexualidad y la belleza.
  • Favorecer la generación de espacios de reflexión sobre el cuerpo, sus imágenes y las ideas que tenemos sobre él; las normas que regulan la salud, la sexualidad y la belleza.
  • Recuperar la experiencia de los grupos de reflexión feminista donde las mujeres puedan intercambiar vivencias, desarrollar nuevas capacidades para conocer, y sentir sus cuerpos y vivir su sexualidad, fortaleciéndose como grupo y como individuos.
  • Transformar la diversidad de experiencias en conocimientos, propuestas y autonomía de las mujeres que contribuyan a ampliar la cultura democrática.
     

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España.