
| 43 mayo 2001 |
¿De
qué flexibilidad laboral hablamos?
Los medios de comunicación han dedicado en estos
días amplios espacios a la polémica sobre flexibilidad laboral
creando, de paso, una verdadera ceremonia de confusión al presentarla
de forma polarizada: por un lado aparecen quienes quieren "flexibilizar",
generalmente empresarios, y por otro quienes buscan "rigidizar"
las relaciones laborales. De más está decir que no existe
una sola manera de concebir la flexibilidad laboral, sino que hay muchos
conceptos distintos sobre ella, construidos desde lugares, experiencias
e intereses diferentes. Y como si eso fuera poco, aparece como si la flexibilidad
laboral llevara consigo una contradicción irreconciliable: ser,
por un lado, la única manera de que las empresas enfrenten con
éxito la nueva era de la información y globalización;
y por otro, ser la "amenaza fantasma" que terminaría
con gran parte de los logros de la lucha de los trabajadores por el control
sobre las condiciones de empleo. |
Sabía que... durante 1999, sólo el 20% del total de las nuevas contrataciones fueron indefinidas. |
Un concepto miope de flexibilidad Existen diferentes opiniones respecto de los factores que presionan sobre las estructuras tradicionales del mundo laboral. A menudo se responsabiliza a los procesos políticos y económicos que han modificado la relación de poder entre capital y trabajo por la erosión de las formas tradicionales de empleo, relegando los cambios en la estructura productiva a un segundo lugar. Según este enfoque, es la ofensiva neoliberal la que permite a los empresarios imponer nuevas estrategias de flexibilización y desregulación y socavar, de este modo, el sistema de estándares de protección social tradicionales. Estos argumentos no son infundados. Es sabido que en el contexto de una flexibilización empresarial unilateral, identificada ampliamente con desregulación, los derechos laborales y la base de la organización de los trabajadores han sido debilitados en la mayoría de los países. La llamada flexibilidad que los empresarios han instalado en Chile ha sido fundamentalmente un recurso para despojar a la fuerza de trabajo de toda protección laboral y social. Quizás sea esta una de las razones por las cuales los trabajadores y las organizaciones vinculadas a ellos tienen actitudes de defensa y rechazo a la flexibilización que se percibe sólo como una amenaza, y se quiere controlar desesperadamente mediante la reivindicación de instituciones tradicionales de protección del empleo. De este modo, en la actualidad, el concepto de flexibilidad es un concepto limitado y miope de flexibilización empresarial. Surgió de las necesidades de las empresas en las nuevas condiciones de competencia y se dirige a una racionalización forzada del trabajo. La nueva dinámica económico-laboral que se impone con la transición a la época informática ha sido liderada unilateralmente por el sector empresarial sin que la parte trabajadora y la sociedad en su conjunto hayan podido influir mayormente sobre las pautas de flexibilización. Estas carencias del concepto de flexibilidad actual exigen abordar el tema de la flexibilidad laboral en el debate público como un proceso complejo que se basa en substanciales cambios tecnológicos, de organización del trabajo y de mercado, y que involucra aspectos de interés para los propios trabajadores y la sociedad en su conjunto. |
Sabía que... según la OIT, en los países industrializados, la gran mayoría de quienes trabajan tiempo parcial son mujeres (entre el 60 y el 90%). |
Superar la miopía Una de las razones más potentes para transitar desde relaciones laborales "rígidas" a "flexibles" es la flexibilización del conjunto de las fuerzas productivas sobre la base de las nuevas tecnologías de información y comunicación, formas de gestión y condiciones de mercado. Estos procesos han hecho el empleo mucho más heterogéneo que antes. Hoy en día se pueden encontrar en el mercado muchas formas de empleo no tradicionales que no ofrecen ingresos suficientes para asegurar la subsistencia de los trabajadores ni una adecuada protección laboral y social. El aumento de formas atípicas de empleo, junto a la mayor inseguridad en el empleo, hace que los trabajadores tengan lagunas en su vida laboral e insuficiente acceso al sistema de protección social. Como consecuencia, el sistema normativo institucional pierde su fuerza reguladora y protectora o rige sólo para ciertos grupos de trabajadores. La realidad en el sistema de empleo y el efecto protector de las normas legales ligadas a las formas de empleo tradicionales se separan cada vez más y se abren camino nuevas formas de iniquidad social. Por un lado, existe una generación de mayor edad, predominantemente hombres, que ha estado ocupada durante toda su vida en relaciones laborales tradicionales y se ha ganado plenos derechos a protección social. Por otro, hay grandes y crecientes grupos de personas que debido a jornadas laborales reducidas y ocupación discontínua no pueden contar con una protección individual suficiente: es el caso de grupos de mujeres y de ocupados más jóvenes. Es necesario tomar en cuenta, además, los procesos socioculturales tales como el de individuación y los cambios en las relaciones de género que modifican y diferencian las necesidades y expectativas de los trabajadores respecto de las relaciones laborales y dan un significado distinto al trabajo remunerado y reproductivo y al tiempo libre. La división sexual del trabajo tradicional está siendo cuestionada crecientemente por parte de las generaciones más jóvenes. Las relaciones laborales tradicionales no permiten compatibilizar el trabajo productivo con el reproductivo y de cuidado en condiciones aceptables, tanto para mujeres como para hombres. Se construyeron sobre la base de un modelo de trabajador con total disponibilidad para el trabajo remunerado, porque delega la mayor parte del trabajo reproductivo en las mujeres. De este modo, las mujeres, al entrar al sistema laboral, se enfrentan a una estructura masculina que dificulta compatibilizar el trabajo remunerado con la vida personal y comunitaria. Los hombres, a su vez, están sumergidos en un sistema de regulaciones laborales rígido que les impide vivir una vida integrada, no solamente laboral. Estos son dos polos de la realidad que se condicionan mutuamente. Ninguno de los dos es alterable sin cambios en el otro. |
Sabía que... en el año 2000, la economía chilena creció en un 5,6%, pero se perdieron más de 21 mil puestos de trabajo. |
Por una flexibilidad regulada Todo lo anterior nos hace pensar en la necesidad de construir un concepto de flexibilidad que respete los intereses de la sociedad en su conjunto, los que evidentemente sobrepasan los estrechos horizontes de la empresa individual. Para ello hay varios ejes a considerar. Por un lado están las necesidades económicas en general, y de la empresa en particular, porque sin una flexibilidad laboral que promueva la eficiencia y competitividad todos perdemos. Por otro lado, es imprescindible incorporar los intereses de los trabajadores de ambos sexos, y aplicar un nuevo concepto de flexibilidad laboral que atienda a las crecientes diferenciaciones grupales y preferencias individuales. Para lograr que la flexibilidad laboral permita replantear las relaciones de género en el ámbito productivo y reproductivo, se destacan tres temas:
|
|
![]()
| otros Argumentos |
Argumentos para el cambio ISSN 0717-2346
una publicación del: Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España. |