31
abril
2000

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Más cultura hace más democracia

Hace sólo unos días, un joven expresaba en un acto cultural “hemos recuperado la libertad, pero aún no tenemos cultura de libertad”. Avanzando en esa dirección podemos decir que el nuevo Gobierno ha manifestado su voluntad de dar libertad a la cultura para que se exprese y desarrolle. Y será responsabilidad de los ciudadanos usar los espacios existentes y crear otros nuevos donde la diversidad se manifieste. La tarea de los servidores públicos, por su parte, deberá orientarse a diseñar políticas que estimulen la creación cultural plural y a movilizar recursos públicos y privados para este fin.
    Desde que en Chile se produjo el gran apagón cultural en tiempos de la dictadura, se han desarrollado numerosas formas de teatro, talleres literarios y musicales, danza y todo tipo de plástica. Cada vez más encontrarnos en la calle artistas que ofrecen su trabajo por algunas monedas y de paso cambian el gris paisaje urbano de Santiago o las calles de alguna ciudad de provincia. Sin embargo, las manifestaciones más críticas suelen ser marginalizadas y, salvo excepciones, las propuestas de las mujeres se ven afectadas por la discriminación, con el consiguiente empobrecimiento del debate cultural del país.
    Pero la cultura no es sólo creación artística; los valores y las normas que orientan las prácticas sociales son igualmente productos culturales. Las formas en que las personas se relacionan y actúan día a día tiene gran influencia sobre la capacidad de expresión y de diálogo y, de esta manera, también estimulan o inhiben la capacidad creativa.
    Desde el punto de vista de la equidad entre los géneros,
Argumentos para el cambio considera imprescindible abrir el debate sobre el papel que juega una cultura plural en la superación de la discriminación que sufren muchos grupos sociales, entre ellos las mujeres, así como valorar y reconocer el aporte de las mujeres a la sociedad, sus puntos de vista y su capacidad creativa, como condición para lograr que la diversidad se exprese y contribuya al cambio cultural en marcha, cambio que deberá involucrar necesariamente todos los ámbitos, desde la creación hasta la vida cotidiana.
 
 


Sabía que...
de 21.800 creadores reseñados por el Ministerio de Educación, el 36% son mujeres.
El escenario es favorable y el terreno fértil
Para nadie es un misterio que la capacidad de soñar, de transmitir sentimientos y emociones, de crear, es parte de la experiencia humana, pero es evidente que las circunstancias materiales y el grado de apertura cultural son determinantes a la hora de desarrollar esas capacidades. El temor a la desaprobación, a la marginación y al conflicto puede llevar a las personas a no desarrollar ni comunicar sus ideas, sus intereses y sus sueños.
Para las mujeres la situación ha sido históricamente más difícil. Sus maneras de pensar, de sentir y de expresarse han sido desvalorizadas socialmente y han experimentado grandes dificultades para afirmar sus creaciones ante los demás. Las mujeres han producido conocimientos, publicado revistas, creado grupos de teatro, de música y de plástica. Sin embargo, la falta de apoyo institucional y de respuesta cultural las ha llevado a ser percibidas como marginales.
    La memoria colectiva de los chilenos registra un momento clave en que los sueños de muchos se vieron frustrados por la violencia y esa es una marca que tardará muchos años en desaparecer. La capacidad de dejar volar la imaginación y los deseos ha sido remplazada por un pragmatismo a ultranza, una necesidad de apego a una realidad de por sí difícil y limitada en un país pequeño como Chile. El éxito económico pasa a ser la medida de la felicidad y los sueños, y los deseos personales permanecen ocultos, sin el oxígeno necesario de la mirada y respuesta de los otros.
    Algo comenzó a cambiar desde el momento del plebiscito porque se generó un ambiente en que muchas expresiones soterradas salieron a la luz y surgieron ilusiones y esperanzas, en definitiva sueños y creatividad. Es verdad que el sentido de la realidad en tiempos de transición a la democracia volvió a frenar ese gran impulso, pero las manifestaciones culturales han perdurado durante estos años, se han diversificado y hecho más sólidas y pugnan por desarrollarse. Es aquí donde pasa a ser fundamental el nuevo escenario de un Gobierno que se propone abrir los espacios a la cultura y propiciar los cambios necesarios para restablecer plenamente la democracia eliminando los enclaves autoritarios. Porque si bien es verdad que necesitamos atrevernos a volar, no es menos cierto que para ello es preciso contar con una base de sustentación en la realidad y creemos que ese soporte puede lograrse en el escenario actual.
    El Estado tiene un papel fundamental que jugar en el diseño de políticas culturales, en la creación de normativas que estimulen la cultura, eliminen la discriminación en todas sus manifestaciones y superen los obstáculos a la libertad de expresión. La ciudadanía tendrá entonces la responsabilidad de llenar las plazas públicas, inventar nuevos espacios y construir nuevas producciones culturales, mostrar su diversidad y ejercer sus derechos. Mujeres, hombres, niños, ancianos, indígenas y personas de todas las condiciones sociales deben formar parte de esta sociedad con igual acceso a las oportunidades, a la vez que se convierten en sujetos capaces de hacer oír su voz y su creatividad. Al mismo tiempo es necesario crear en el empresariado una mayor conciencia de la importancia de la cultura para el desarrollo del país.
 


Sabía que...
menos del 1% del presupuesto público está destinado a cultura.
Hemos avanzado mucho
La legislación y la normativa pueden restringir o estimular el ejercicio de la libertad y el respeto de determinados derechos o el reconocimiento de valores comunes en una sociedad. La vida cotidiana y la forma de relación entre mujeres y hombres se ven afectadas por el marco legal que ampara determinadas conductas, sanciona o margina otras y va generando una cultura.
    En los últimos años se han producido en Chile cambios legales cuya influencia en la cultura nacional es de una enorme trascendencia porque afectan las relaciones entre mujeres y hombres y al interior de la familia: entre ellos se cuenta la ley de violencia intrafamiliar y muy especialmente la ley de filiación. La primera de estas leyes provee la base de sustentación para condenar la violencia en las relaciones familiares y desarrollar formas de convivencia más respetuosas con los derechos de las mujeres, los niños y los ancianos. La violencia ejercida sobre las mujeres por la autoridad masculina ha contribuido a mellar la confianza de las mujeres en sí mismas y debilitado su capacidad de escucharse y expresar sus puntos de vista. La segunda ley promete cambiar de raíz uno de los rasgos más discriminatorios de la sociedad chilena: la diferencia entre los hijos según sean nacidos dentro o fuera del matrimonio.
    Persisten en la vida cotidiana muchas otras situaciones de discriminación que es necesario eliminar. La marginación de las personas, la desvalorización de determinados grupos sociales, el aislamiento cultural y las limitaciones para participar en distintos ámbitos y actividades, minan la capacidad creativa de una sociedad.
    Políticas educativas y comunicativas que fomenten el reconocimiento y la valoración de distintas expresiones culturales y estilos de vida, favorecen el desarrollo del respeto mutuo y la confianza de las personas para expresar sus ideas y aventurarse en el mundo de la creación y de la innovación. Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la creación de una cultura de igualdad y de derechos, y deberían ser motivados a superar los estereotipos sexuales y el sexismo en el lenguaje, para de esta manera contribuir a la generación de una visión más plural y respetuosa de la experiencia femenina.
 


Sabía que...
el proyecto de Ley que crea el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura lleva meses en el Congreso y tardará al menos dos años en aprobarse.
Que cien flores se abran
Como hemos señalado, la responsabilidad por desarrollar en Chile una cultura cada vez más amplia, plural, participativa y tolerante recae tanto en quienes diseñan las políticas como en la ciudadanía en su conjunto.

Corresponde al Estado:

  • Impulsar una política cultural con visión estratégica y no discriminatoria.
  • Estimular las más diversas expresiones culturales, tanto las más “cultas” y “visibles” como aquellas propias de una pequeña comunidad o barrio.
  • Impulsar una legislación adecuada que estimule el mecenazgo cultural al permitir que el sector privado invierta en cultura y obtenga ventajas tributarias.
  • Establecer mecanismos que eliminen la publicidad y todo tipo de mensajes discriminatorios contra la mujer y las minorías.
  • Propiciar la pluralidad en los medios de comunicación y garantizar la libertad de expresión.
  • Generar fondos de apoyo a la creación cultural y a la difusión de las ideas.

Corresponde a la ciudadanía:

  • Expresarse libremente, defender sus derechos y supervisar la aplicación de las políticas, pero sobre todo ejercitar la tolerancia, el respeto a la diferencia y la no violencia.
  • Producir, circular ideas, manifestarse con la más amplia libertad frente a las distintas realidades, llamar al diálogo y al debate público.
     


Osvaldo Zorzano

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España.