21
marzo
1998

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Dime cómo usas tu tiempo y te diré...

Vemos en las calles a las personas caminar apresuradamente, a los automóviles cerrar el paso a los peatones y a los conductores partir sin perder un segundo cuando cambian los semáforos. Tocan las bocinas y aceleran sin preocuparse por alterar los nervios de los transeúntes o aun de proteger su integridad. Parece imposible creer que todos tengan motivos para desplazarse tan apuradamente. Asimismo, muchas personas afirman que el tiempo no les alcanza para nada y que una vez que han terminado de dominar un nueva técnica ya hay otra nueva que la reemplaza. La mayoría considera que se reservan poco tiempo para estar con personas más próximas y para descansar y pensar en sí mismas. Para todas ellas, el tiempo pasa rápido y se sienten desbordadas, alejadas de sí mismas y de los demás. Para otras personas en cambio, el tiempo transcurre más lento y a veces muy monótonamente. Esto sucede con aquellos jóvenes y desempleados que no cuentan con una actividad que les estructure la vida y los jubilados que observan transcurrir las horas con extrema lentitud. Es frecuente escuchar reclamos sobre la manera en que hoy se nos impone vivir el tiempo, del estrés que ello significa y de la mayor facilidad que tenemos para entristecernos. El tiempo no es entonces sólo una medición de horas y minutos dedicadas a distintas actividades sino que comprende dimensiones más subjetivas que condicionan las distintas formas de experimentar y valorar la vida.
    Con la modernidad las sociedades se han vuelto más complejas y los usos del tiempo de las personas difieren mucho entre sí. Encontramos reiteradas disparidades en los usos del tiempo de hombres y mujeres, de los jóvenes, adultos y niños, de obreros y profesionales, en el campo y en la ciudad.
    
Argumentos quiere llamar la atención sobre el hecho de que las diferencias en el uso del tiempo de acuerdo al sexo, otorga a hombres y mujeres oportunidades distintas para desarrollar sus potencialidades. Alerta sobre las presiones actuales hacia un uso del tiempo unilateral, centrado casi exclusivamente en el trabajo, y propone hacer frente a estas presiones para ganar espacios de libertad a través de otros usos del tiempo que permitan un desarrollo personal y social más integral.
 
 


Sabía que...
en Chile el 73,5% de los/as ocupados/as trabajan 48 y más horas semanales.
Tiempo de hombres y tiempo de mujeres
Los resultados de distintas investigaciones sobre el uso del tiempo de hombres y mujeres, de diferentes edades y durante las diversas fases de su vida, muestran que sus recorridos son divergentes. Las niñas dedican desde pequeñas una parte de su tiempo a los trabajos domésticos mientras son menos los niños que ayudan en el hogar. Los niños juegan más horas y en forma más variada en tanto las niñas permanecen en pequeños grupos, escuchan más música y conversan más entre sí. Ya como adultos, la carga de trabajo doméstico compromete a todas las mujeres sin excepción. Ellas son también las responsables de coordinar el tiempo de los miembros de su familia en torno a la rutina familiar. El uso del tiempo de las mujeres está más condicionado que el de los hombres por el matrimonio y los hijos, en tanto los varones rara vez postergan sus proyectos laborales por razones familiares.
    Podemos darnos cuenta que la división sexual de las actividades así como las creencias sobre lo masculino y lo femenino, imponen a hombres y mujeres un tiempo único, orientado al cumplimiento de tareas asignadas según el sexo, que les priva de oportunidades para desarrollar otras dimensiones de la personalidad. Al dedicar gran parte de su tiempo a cuidar a los otros/as, las mujeres desarrollan la sensibilidad para escuchar, descifrar sus mensajes no verbales y acoger sus demandas. Asimismo, al tener que responder simultáneamente a distintas tareas y coordinar el tiempo cotidiano de los miembros de la familia, las mujeres ganan en flexibilidad y habilidad para considerar las dimensiones colectivas presentes en las actividades de un grupo. Sin embargo, estas actividades no sólo les suponen un gran desgaste sino también les dejan poco espacio para reconocer sus propios intereses y defenderlos frente a los demás. Al contrario, en el caso de los hombres, el mayor tiempo dedicado a actividades competitivas, a la formación personal, a la realización del trabajo remunerado, a actividades de carácter público, les permite identificar de mejor manera sus intereses individuales, exponer y defender sus opiniones y encarar proyectos de desarrollo personal. Sin embargo, corren el riesgo de no percibir las necesidades afectivas de los/as otros/as ni de poder anticipar los efectos de sus decisiones en los demás y pierden la posibilidad de un desarrollo emocional más integral.
 


Sabía que...
un grupo de mujeres italianas recogieron 300 mil firmas para respaldar un proyecto de ley del tiempo.
Cambiar el uso del tiempo para vivir mejor
La modernidad está llevando a cambiar los usos del tiempo de hombres y mujeres. Al ingresar cada vez más al mercado laboral y a actividades públicas, las vidas de las mujeres empiezan a transcurrir dentro y fuera de la casa. Esta doble presencia les permite usos del tiempo más diversos y de esta manera desarrollar nuevas cualidades y capacidades. Las mujeres aprecian enormemente el hecho de trabajar porque las hace más independientes, les permite ingresos propios y les amplía el mundo de relaciones sociales.
    No obstante, para que la mayor diversidad de usos del tiempo de las mujeres sea realmente enriquecedora debería ir acompañada de un mayor compromiso de los hombres con las tareas de atención, cuidado y crianza de los hijos, enfermos y ancianos. Asimismo los lugares de trabajo, las instituciones, los servicios deberían estar organizados de manera más flexibles para permitir que los hombres y las mujeres organicen mejor su tiempo a fin de armonizar su vida personal, familiar y laboral.
    Como esto no sucede, una gran mayoría de mujeres se ve sometida a largas jornadas de trabajo y tironeada entre las exigencias de la vida familiar y la laboral. La situación actual, caracterizada por una gran presión por producir y ganar sin preguntarse por la forma de hacerlo y por sus consecuencias sociales, deja poco espacio para incursionar en nuevas formas de articular el uso del tiempo dedicado al trabajo, la vida personal y familiar. Se trabaja por turnos para impedir que la producción se paralice, muchos trabajadores no tienen sábados ni domingos porque trabajan en centros comerciales, muchos otros permanecen en sus trabajos aunque hayan terminado sus obligaciones laborales para dar fe de su disponibilidad total al trabajo. Esta situación se ve agravada por la forma en que son valorados los distintos usos del tiempo. Se aprecia casi exclusivamente el tiempo dedicado al trabajo. Se puede dejar de cumplir con compromisos afectivos, familiares y amicales con solo mencionar el trabajo. Se penaliza el uso del tiempo no dedicado a él y en el caso de las mujeres también el no dedicado a la familia. Sin una valoración del descanso y el placer como fuente de bienestar, no es de extrañar que nuestra capital ocupe el tristemente destacado primer lugar entre las que consumen más tranquilizantes y las que tienen mayores índices de enfermedades mentales.
 


Sabía que...
según Naciones Unidas, del total del trabajo realizado (remunerado y doméstico) en los países en desarrollo, el 53% lo realizan las mujeres y el 47% los hombres.
Empecemos hoy
A todas luces resulta necesario cambiar el uso del tiempo. Aunque este cambio depende de transformaciones importantes en la organización de la sociedad y de la economía, podemos desde hoy, empezar a resistir las presiones más negativas y abrirnos espacios de libertad. Para ello es necesario:
  • Cuestionar las valoraciones que se les atribuye a los distintos usos del tiempo para que se aprecie tanto el tiempo dedicado al trabajo como aquel destinado al desarrollo y comunicación personal, a las tareas del hogar y a la familia. No sólo debería suscitar respeto y reconocimiento la persona que siempre trabaja sino también aquella que está dispuesta a incursionar en nuevos espacios, a comunicarse con otros e invertir parte de su energía en otras acciones sociales, culturales y deportivas.
  • Presionar para redistribuir de manera más justa el uso del tiempo entre distintas personas y grupos sociales, para lo cual hombres y mujeres de todas las edades deben compartir las responsabilidades familiares. Es necesario estimular que los hijos dediquen parte de su tiempo a tareas domésticas y el cuidado de los demás y las hijas se involucren en actividades de competencia y formativas.
  • Buscar formas de hacer más flexibles la organización del trabajo y la vida familiar a fin de armonizar las relaciones entre el trabajo y la vida personal. Promover la productividad y no la simple permanencia en el puesto de trabajo y las largas jornadas laborales.
  • Mejorar los sistemas de transporte y los servicios públicos para que las personas, especialmente las mujeres, liberen tiempo para las actividades recreativas y su desarrollo personal.
     


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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

una publicación del:
CEM (Centro de Estudios de la Mujer)
Purísima 353, Santiago, Chile
teléfono: 777 1194, fax: 735 1230, correo-e:
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Esta publicación es parcialmente financiada por el Fondo para la Sociedad Civil constituido con aportes del gobierno de Suecia, administrado por el SERNAM, y por el Instituto de la Mujer de España. Sin embargo, las expresiones y contenidos vertidos no representan, necesariamente, la opinión institucional de estos organismos.