20
febrero
1998

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Contra el autoritarismo

Cada día asistimos al espectáculo público de distintas formas de autoritarismo que impregnan la vida pública y privada del país, aun a ocho años de haber recuperado el ejercicio democrático. La reacción suele ser de rabia, molestia, impotencia, desesperanza o de crítica abierta a la manera en que se enfrentan las diversas situaciones y esas experiencias menoscaban nuestro bienestar personal y empeoran la convivencia social.
    A diferencia del autoritarismo, la democracia se sustenta en el respeto por los otros, en el mutuo reconocimiento de que siendo iguales somos también diferentes en formas de sentir, pensar y actuar en el mundo. La democracia debería favorecer la conciencia de las personas de ser parte de una comunidad, con derechos y deberes y con capacidad de reacción frente a las arbitrariedades que cometen las instituciones o las personas en la convivencia cotidiana.
    No se trata de cuestionar la existencia de la autoridad en sí misma, ni el hecho indiscutible de que en sociedades complejas como en las que vivimos las personas no pueden estar enteradas ni decidir sobre todos los asuntos públicos y deben delegar en otros el tratamiento de estos problemas. Se trata de distinguir aquellas manifestaciones en la cuales la autoridad se ejerce sin apelar al acuerdo, sin fundamentar sus razones y sin considerar la pluralidad de experiencias personales y colectivas.
    En la vida diaria es conveniente estar alerta con aquellos comportamientos que envenenan la convivencia entre las personas, al negarse unas a otras la posibilidad de expresarse, de desarrollar sus potencialidades y de ser respetadas en sus diferencias. La poca claridad sobre estos puntos conduce no sólo a la arbitrariedad sino también a su aceptación como un hecho normal de la vida social.
    
Argumentos trata de mostrar cómo los comportamientos autoritarios públicos, se nutren de las experiencias cotidianas. Propone cambiar las relaciones entre los géneros, para romper el círculo de la reproducción del autoritarismo. Pero a la vez, considera que la ampliación de los derechos ciudadanos de hombres y mujeres influye positivamente las relaciones humanas y facilita el conocimiento de los deseos, valores y expectativas propios.
 
 


Sabía que...
el 21% de los senadores no es elegido democráticamente.
El autoritarismo no fundamenta sus razones, se opone a la autonomía personal e impide el debate de ideas
Los comportamientos autoritarios se caracterizan porque las personas tratan de imponer sus puntos de vista o visiones del mundo sin considerar las opiniones y experiencias de los otros, aprovechando el espacio de poder que poseen por pequeño que sea. Actúan de manera autoritaria también quienes, colocados en situación de dependencia y subordinación, asumen sin reparos y sin sentido crítico las opiniones, mandatos o instrucciones de quien ostenta algún poder y reproduce esta situación ante otros más débiles. El portero de un edificio elegante, cuya cuota de poder es mínima, tratará de mala manera a una mujer modesta que le pregunte algo, al mismo tiempo que se inclinará solícito, casi servil, ante el perro del vecino del quinto piso.
    En la familia el autoritarismo se expresa en la imposición de modelos de los padres a los hijos sin escuchar sus deseos ni atender a su individualidad, basando la educación exclusivamente en la obediencia. Bajo el lema de "por tu propio bien" se impide a un niño saber quién es, qué quiere, qué aspira. Igualmente se expresa autoritarismo en la manera en que las familias distribuyen sus recursos entre los miembros, beneficiando a algunos sobre otros. Las niñas tienen menos posibilidades de salir fuera de la casa, de realizar actividad física, de conocer distintos juegos y de incursionar en el conocimiento de variados temas. Esto va recortando las posibilidades de desarrollar las distintas dimensiones de su personalidad. Un hombre autoritario que ordena la relación con su pareja bajo la idea de "donde manda capitán no manda marinero", logra menoscabar la confianza y estima personal de su pareja para expresar y actuar de acuerdo a sus necesidades y puntos de vista.
    En el campo de la salud, el autoritarismo se manifiesta en el poder que ejercen los médicos y todo el personal de salud al no considerar los temores, las dudas y los conocimientos de los enfermos sobre su cuerpo, al entregarles información parcial sobre lo que les sucede y al tomar decisiones sin considerar, muchas veces, sus deseos y opiniones. Este tipo de relaciones hace a las personas más dependientes y menos responsables de su propio cuerpo.
    En el espacio público, muchos de los supuestos consensos logrados en torno a distintos temas controversiales de interés general, se logran habitualmente sin haber dado cauce a la exposición de los puntos de vista e intereses de todas las partes implicadas y sin haber abierto espacios de debate suficientes que den lugar a las ideas discrepantes.
    En todos estos casos, la autoridad se ejerce sin fundamentar sus razones, sin consultar a los otros, sin crear acuerdos trabando la autonomía personal y colectiva, y el intercambio de ideas. En las relaciones que las personas establecen consigo mismas y con los otros en la vida cotidiana se va construyendo una trama social que puede rechazar o alimentar las distintas expresiones de autoritarismo y abrir espacio a la construcción de la democracia.
 


Sabía que...
la añorada democracia griega excluía a las mujeres y a los esclavos. Sólo eran ciudadanos los hombres libres, con patrimonio.
La democracia como antídoto contra el autoritarismo
Una de las formas de atacar el autoritarismo y enriquecer la cotidianeidad es instalar como valor social y norma de convivencia, el respeto a la autonomía personal y al debate de las ideas. Entendemos por autonomía la capacidad de las personas de reflexionar por sí mismas y de tomar sus propias decisiones, de deliberar, juzgar, elegir y actuar en distintas posibles direcciones. Según el sociólogo inglés Anthony Giddens, la democracia implica el derecho a un autodesarrollo libre e igual entre las personas y la limitación constitucional del poder. Según este autor "la autoridad es justificable en tanto reconozca el principio de autonomía".
    A través del debate y el intercambio libre de las ideas tenemos la posibilidad de escuchar y de entender los puntos de vista e intereses de los otros, de razonar las emociones y sentimientos, y abordar la realidad desde las distintas perspectivas que la constituyen, así como también identificar los acuerdos que nos acercan y las discrepancias que nos diferencian de otras personas. Un debate real sustenta el reconocimiento de la diversidad y de la autonomía personal.
    No obstante, dadas las actuales relaciones desiguales de poder, las personas no tienen las mismas oportunidades para desarrollar su autonomía ni para participar en debates. Un anciano/a tiene menos posibilidades de hacer respetar su tiempo y de ser escuchado, los/as adolescentes encuentran trabas al desarrollo de sus propias concepciones sobre la vida en sociedad y las mujeres generalmente ponen en primer lugar las necesidades y deseos de los demás por sobre la posibilidad de desarrollar sus proyectos personales.
    Desde esta última perspectiva, adquiere todo su sentido el concepto de ciudadanía que en el principio de la década involucraba los derechos políticos, sociales y económicos y que hoy alcanza a los derechos culturales y reproductivos. Mediante la inclusión de estos nuevos derechos, gracias a la movilización de las mujeres, de los pueblos indígenas, de las minorías étnicas y culturales, se puede luchar contra la desigualdad que se construye a partir de las diferencias de sexo, edad, clase, raza y etnia. Estos derechos otorgan iguales oportunidades a los distintos grupos y personas, para construir su identidad personal y colectiva e intervenir, desde sus puntos de vista, en la convivencia democrática.
 


Sabía que...
una verdadera democracia moderna es la que reconoce la diferencia y promueve la igualdad.
Qué hacer contra el autoritarismo
  • Propiciar por distintos medios la autonomía de las personas y grupos sociales para que puedan relacionarse afirmando sus puntos de vista y escuchando el de los otros, con mayor conciencia de sus derechos y deberes.
  • Potenciar la autonomía de las mujeres, de modo que puedan reconocer sus derechos y exigir su cumplimiento en la vida cotidiana, al interior de la familia, en los medios laborales, sociales y públicos.
  • Expresar nuestras opiniones abiertamente y con el debido respeto a los demás.
  • No obedecer ciegamente las órdenes.
  • Perder el miedo a las diferencias, abrirse al diálogo, con la voluntad de identificar acuerdos y desacuerdos y llegar a consensos.
  • Asumir como tarea propia la profundización de la Democracia y no sólo delegarla en el gobierno y los políticos.
  • No abusar de las posiciones de poder, sino usarlas para facilitar el diálogo.
     


Any Ughelli

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación es parcialmente financiada por el Fondo para la Sociedad Civil constituído con aportes del gobierno de Suecia, administrado por el SERNAM, y por el Instituto de la Mujer de España. Sin embargo, las expresiones y contenidos vertidos no representan, necesariamente, la opinión institucional de estos organismos.