15
julio-agosto
1997

más Argumentos

¿comentarios?

La intimidad en el mundo de hoy

Los cambios que están experimentando las sociedades a nivel mundial son de gran envergadura. Afectan las estructuras económicas y las relaciones comerciales, propician el desplazamiento de las personas al interior de los países y entre distintas regiones del planeta, transforman la vida social y las formas de sentir, conocer y de vivir una realidad social cada vez más compleja.
    La rapidez, la cobertura instantánea y global de los medios de comunicación sobre lo que acontece en el mundo nos pone en contacto con realidades sociales muy distantes y diferentes a nuestra experiencia inmediata. En nuestro entorno observamos formas distintas y nuevas de ser mujer y de ser hombre, de satisfacer necesidades afectivas, de construir intimidad, de transitar por la vida.
    La variedad de caminos que se abren nos confronta más con nosotros mismos y nos obliga a pensar nuevas normas de convivencia afectiva diferentes a aquellas que relacionaban a hombres y mujeres con roles nítidamente diferenciados.
    Existen mayores posibilidades para desarrollar nuestra autenticidad, pero que llevan consigo el costo de una mayor exigencia personal y a veces más vulnerabilidad y soledad ante al abandono de los compromisos afectivos.
    En este escenario surge la necesidad de crear nuevas formas de convivencia, que estimulen la autonomía y las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres. La intimidad implica hoy, más que en el pasado, una permanente comunicación entre personas que negocian, concuerdan sus derechos y sus deseos, y, por tanto, requiere de un mayor equilibrio de poderes y responsabilidades mutuas, en una realidad que necesita ser reinventada cada día.
 
 


Sabía que...
en 1970 había 96.000 personas que vivían solas. Según el Censo de 1992 vivían solas 273.000 personas.
Los cambios en la vida privada
Hasta hace pocas décadas la familia tradicional constituida por el padre, la madre y los hijos era considerado el espacio natural de los afectos. Sin embargo hoy es cada vez más frecuente una diversidad de arreglos afectivos: se vive con hijos sin pareja, en grupos de amigos que comparten una vivienda o un proyecto, o entre parientes. Estos espacios afectivos son satisfactorios pero pueden ser inestables, cambian más a menudo e implican un mayor esfuerzo en la relación por la falta de códigos fijos.
    A diferencia del pasado, las mujeres pueden optar por vivir solas, con amigas o amigos y familiares a lo largo de su vida sin ser consideradas fracasadas. Cada vez hay más mujeres que asumen su maternidad sin pareja y en la actualidad muchas de ellas crecen en un clima en que se valora la igualdad, estudian y tienen un proyecto de desarrollo independiente, deciden el número de hijos que desean tener y trabajan remuneradamente.
    De todos modos, la gran mayoría de las personas sigue contrayendo matrimonio para construir su espacio afectivo y tener hijos, pero muchas parejas deben enfrentar rupturas matrimoniales que se relacionan, en buena medida, con la mayor conciencia que cada uno de los miembros de la pareja tiene sobre sus propios deseos y expectativas. Esta mayor conciencia individual hace más visible la incompatibilidad de proyectos y menos soportable la convivencia cuando se han distanciado los caminos vitales. Por otra parte, la menor cantidad de espacios de encuentro y de asociación y la falta de proyectos colectivos lleva a las personas a volcarse en pocas relaciones íntimas buscando satisfacer en ellas todas las aspiraciones que podrían lograrse en otros espacios sociales. Esta sobrecarga de demanda crea frustraciones y provoca conflictos.
    La solución de estas situaciones varía enormemente según los sectores sociales y las circunstancias en que se producen. En muchos casos el debilitamiento del rol del varón protector y proveedor afecta el compromiso masculino con el destino de los miembros de su familia. Muchos hombres que se separan disminuyen sus aportes hacia los hijos de su pareja anterior Las vidas de estos hombres se ven afectadas; pierden el contacto cotidiano con sus hijos, están sometidos a su crítica y a veces deben distribuir sus ingresos entre un mayor número de personas.
    Los cambios de las mujeres traen consigo cambios en la construcción de las identidades masculinas. Rota la dicotomía tradicional sobre la femineidad y la masculinidad, las mujeres independientes buscan hombres fuertes y a la vez capaces de ofrecerles ternura y comprensión. La demanda parece demasiado exigente. Mientras, los hombres oscilan entre el rol tradicional de protector que no encuentra protegida e incursionan tímidamente en territorios inexplorados de su personalidad que les asustan porque "corren el riesgo" de parecerse a las mujeres. Sensibilidad, ternura y cuidado del otro son rasgos asimilados tradicionalmente con lo femenino, sin embargo hoy los hombres tienen una oportunidad de adquirirlos y encontrarse con su pareja en términos menos desiguales.
 


Sabía que...
las mujeres chilenas tenían en los años cincuenta un promedio de 5,1 hijos mientras que en 1992 esta cifra era sólo de 2,5.
Nuevas relaciones: nuevos desafíos
En un clima de cambios como los señalados, donde coexisten aspiraciones distintas frente a la intimidad y al otro sexo, los desencuentros son frecuentes y es fuerte la tentación de refugiarse en comportamientos pasados antes que abordar los desafíos que imponen los nuevos estilos de vida. Las mujeres suelen refugiarse en la debilidad y en el papel de víctima, mientras ellos recurren a la violencia, tratan de imponer su autoridad o bien optan por el abandono. Ante las dificultades y la incomunicación es más frecuente la huida que la búsqueda de soluciones negociadas.
    El debilitamiento de los lazos sociales, el escaso tiempo para el encuentro con otros y para construir espacios colectivos, hace sobrevalorar la familia y la pareja como si fueran las únicas alternativas para establecer interacciones afectivas. Algunos sectores no reconocen la diversidad de formas de familia que hoy coexisten y quisieran regresar a la dicotomía entre los roles de hombres y mujeres. No obstante los cambios operados en la vida cotidiana, se resisten a reconocer que es posible construir afectos con otros seres en igualdad y con respeto a la libertad personal.
    No es negando los cambios como encontraremos respuestas a las exigencias de la vida actual si no aceptando el desafío que significa relacionarse con el otro desde la igualdad de derechos y obligaciones. Lo deseable es buscar el mutuo consentimiento y establecer nuevas formas de comunicación que expresen los deseos y expectativas de cada cual. Para construir relaciones diferentes es preciso desarrollar nuevos recursos: mayor seguridad y autoestima personal, independencia económica y autonomía para tomar decisiones. A esto debemos agregar que la participación en espacios y proyectos ( sociales, culturales, políticos) es un elemento indispensable para enriquecer la intimidad y la vida cotidiana, repleta de pequeños detalles. No se trata de buscar alternativas a la familia, sino de aceptar que los arreglos familiares y los espacios afectivos son múltiples y que cada uno de ellos puede enriquecernos la vida.
 


Sabía que...
Chile es uno de los pocos países de América Latina que no da reconocimiento jurídico a las uniones de hecho como sujeto de deberes y derechos...
Hacia relaciones humanas más satisfactorias
La enorme heterogeneidad de las situaciones descritas nos lleva a asumir que nos encontramos en un período de transición entre unas formas de vida y otras y que hace falta encontrar la manera de establecer relaciones más constructivas, que se adecuen a los cambios y cumplan mejor las expectativas de hombres y mujeres.
  • Aceptar que muchos aspectos tradicionales de la convivencia humana no se ajustan a las necesidades actuales y que es necesario abrirse a nuevas formas de relación más satisfactorias.
  • Propiciar la comunicación y el debate en los espacios privados y colectivos y en los medios de comunicación sobre las tranformaciones que experimenta la vida personal y social.
  • Hacer visible la diversidad de estilos de vida y propiciar el respeto a la pluralidad de formas en que las personas logran vivir su intimidad y sus afectos.
  • Propiciar la creación de espacios colectivos y experiencias asociativas de las personas a los cuales se integren hombres y mujeres.
  • Promover la extensión del clima y la cultura de la igualdad de oportunidades para las mujeres mediante el cuestionamiento de los estereotipos sexuales, las imágenes dicotómicas de lo femenino y lo masculino y la segregación de las experiencias y prácticas de vida entre hombres y mujeres.
  • Estimular a los padres y otros agentes de socialización para que ofrezcan igualdad de oportunidades a niños y niñas en todos los campos.
  • Presionar a los medios de comunicación para que den cuenta de la variedad de expresiones de lo femenino y lo masculino, y difundan nuevas imágenes sobre las relaciones entre los sexos.
     

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
- COMPRENDEME, TERESA: ¡NO ESTABA PREPARADO PARA TU INDEPENDIZACION ECONOMICA, TU AUTONOMIA, TU AUTOESTIMA!

- ¡YO TAMPOCO ALBERTO! ¡YO TAMPOCO!
 
Diana Raznovich, en el libro Cables Pelados

otros
Argumentos

¿comentarios?

Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

una publicación del:
CEM (Centro de Estudios de la Mujer)
Purísima 353, Santiago, Chile
teléfono: 777 1194, fax: 735 1230, correo-e:
cem@rdc.cl
http://www.cem.cl