
| 13 abril 1997 | El riesgo de ser pobre es mayor para las mujeres ¿Son las mujeres más pobres? ¿Es verdad que son las más pobres entre los pobres? Estas preguntas se han hecho reiteradamente y en distintos lugares para atraer la atención de la sociedad y de los responsables de políticas frente a la precaria situación en que viven miles de mujeres. |
Sabía que... mientras las mujeres ocupadas representan el 32,2% del total de la fuerza de trabajo, sólo perciben el 25,2% del total de los ingresos del trabajo y ganan, en promedio, el 70% de lo que ganan los hombres. | Ser pobre y ser mujer La pobreza que afecta a hombres y mujeres tiene su origen en factores como el acceso a los recursos materiales, a los medios de producción, la posición de las personas en la división del trabajo, y las políticas económicas. El bajo acceso a los bienes culturales, la debilidad de los vínculos y relaciones sociales, el desconocimiento de cómo funcionan las instituciones y la lejanía de los lugares donde se toman las decisiones condicionan y caracterizan también a la pobreza. Sin embargo, las mujeres tienen mayores posibilidades de caer en situaciones de pobreza debido a su posición subordinada en la sociedad. La sociedad sigue organizada en torno a una división sexual del trabajo que asigna funciones diferentes a hombres y mujeres y les atribuye una distinta valoración lo que lleva a que las mujeres tengan menor acceso a los recursos materiales y menores oportunidades de generar ingresos. La integración de las mujeres al mercado laboral es más débil y para muchas, inestable o inexistente. La mayoría no genera ingresos propios o lo hace en forma insuficiente, lo que las obliga a depender de otros para sobrevivir. La participación de las mujeres pobres en la fuerza de trabajo es relativamente baja. En muchas ocasiones, los ingresos que pueden obtener no compensan el costo de dejar sus tareas domésticas y de cuidado de los hijos. Tampoco tienen acceso a servicios que alivien sus responsabilidades domésticas. Ingresan en una alta proporción a sectores de baja productividad, en empleos de mala calidad y poco protegidos. El bajo acceso a las capacitaciones y la existencia de barreras culturales les impide ingresar a una amplia gama de ocupaciones y mejores empleos. Por otra parte, sus insuficientes recursos materiales y la falta de respaldos sociales les hace difícil beneficiarse de los incentivos orientados a las actividades económicas independientes. El entorno local sanitario, vial, de seguridad pública y las deficiencias de las viviendas afectan directamente la situación de las mujeres. Ellas son quienes permanecen más tiempo en sus casas y en el barrio. Esta situación define no sólo las condiciones bajo las cuales realizan las tareas domésticas sino también las actividades remuneradas ya que transforman sus hogares en locales de trabajo para obtener ingresos, lo que afecta las relaciones familiares y las condiciones de vida. Las interferencias domésticas son un factor que predispone a la pobreza. En caso de emergencias familiares, son las mujeres quienes abandonan con mayor frecuencia el mercado laboral, renunciando no sólo al ingreso sino también a sus posibilidades futuras. La responsabilidad del hogar y del cuidado de los hijos somete a las mujeres que trabajan a una doble jornada o al aislamiento en el hogar cuando no trabajan fuera de él, lo que reduce sus posibilidades de participar en organizaciones y en distintas actividades públicas. La menor extensión y variedad de sus relaciones sociales que muchas veces se limitan a amigas o vecinas en su misma situación, disminuye sus posibilidades de conocer las oportunidades que se ofrecen en el mercado laboral y de influir en las decisiones colectivas que las afectan a nivel de su familia, de su barrio, del trabajo. El aislamiento que sufren y tipo de vínculos sociales con que cuentan aumentan la propensión de las mujeres a la pobreza. La valoración de su pareja, de sus padres, de sus hijos y de sus más próximos sobre sus actividades, incide en su participación en organizaciones sociales. La menor participación y experiencia de vida colectiva de las mujeres dificulta el reconocimiento de sus problemas y demandas y el conocimiento de sus derechos, muchos de los cuales se aprenden al estar en contacto con otros/as que los conocen y ejercen. La menor experiencia y participación en organizaciones sociales se constituyen en otro factor que predispone a la pobreza. Ciertamente la situación de las mujeres pobres afecta su estado de ánimo y la apreciación de sus posibilidades. Es usual que la tensión, el estrés, la incertidumbre, la falta de confianza en sus capacidades y la depresión caractericen sus vidas y debiliten su actitud de búsqueda de oportunidades para salir de la pobreza. Los factores psicológicos también inciden en la pobreza. Las diferentes dimensiones señaladas están relacionadas entre sí y se alimentan unas a otras dando lugar a procesos dinámicos de exclusión social que producen y reproducen la pobreza de las mujeres. |
Sabía que... los ingresos de las mujeres han permitido al 14% de los hogares superar la línea de la pobreza. | Dar mayores oportunidades a las mujeres pobres Una distribución más justa de recursos, obligaciones y derechos desde la niñez entre hombres y mujeres contrarresta el riesgo de las mujeres de caer y permanecer en situaciones de pobreza. El cambio de los comportamientos paternos de las familias más pobres y de la escuela a favor de una distribución más igualitaria de los recursos educativos entre niños y niñas y de una redistribución de las tareas familiares entre los distintos miembros del hogar independientemente de su sexo, son medidas preventivas de la pobreza. Favorecen la inserción futura de las niñas en el mercado de trabajo y su autonomía. Los programas dirigidos a las mujeres pobres con la finalidad de disminuir su dependencia y de generar ingresos tienen consecuencias beneficiosas para ellas y sus familias. Algunos estudios han comprobado que la contribución de las mujeres al presupuesto familiar logra sacar de la pobreza a un número significativo de hogares, por lo que se puede afirmar que el trabajo de las mujeres contribuye a la equidad social. Por otra parte, se ha comprobado que los recursos generados por las mujeres pobres se invierten en el hogar y los hijos en mayor medida que en el caso de los hombres, y mejoran las condiciones de vida de todos sus miembros y de las generaciones futuras. |
Sabía que... en los hogares indigentes cada ocupado debe mantener en promedio a 5,6 personas, mientras que los hogares pobres no indigentes debe mantener a 3,7 y en los no pobres a 2,4 personas. | La dimensión de género en el combate a la pobreza La exclusión social y el combate a la pobreza son retos fundamentales que enfrenta cualquier política de desarrollo que aspire a la equidad social. Por tanto, para combatir la pobreza en general y salvaguardar la situación de las mujeres, es necesario:
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