11
enero-febrero
1997

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¿Quién le tiene miedo a la Ley de Divorcio?

Una vez aprobada en la Cámara de Diputados la idea de legislar sobre el proyecto de ley de divorcio vincular, los sectores opuestos a la iniciativa han lanzado una ofensiva destinada a bloquear la aprobación. Han recurrido a todos los medios para frenar el proceso: alertan sobre las terribles consecuencias que, según ellos, encierra el proyecto al poner en riesgo la identidad nacional, la supervivencia de la familia y los valores de la cultura occidental; han manipulado datos, han apelado a juicios de autoridad y han desarrollado una argumentación bizantina alejada de la vida de las mujeres, de los hombres y familias de este país.
    Nada conmueve las convicciones de estos sectores que presentan una real dificultad para considerar los verdaderos problemas que afectan a las personas. Nada les dice el hecho de que Chile sea el último país del mundo en legislar sobre el divorcio, que cada año haya miles de separaciones, que las separaciones den lugar a todo tipo de injusticias que sufren los más débiles, en la mayoría de los casos las mujeres y los hijos. Sin embargo, cuentan con fuerza para retrasar la respuesta a este urgente problema de orden público.
    Estas razones nos llevan a dedicar un segundo número de
Argumentos a este tema para sacar la discusión de la academia y de la capilla y colocarla en su verdadero terreno: la vida cotidiana de muchas personas. Queremos dar voz a las miles de mujeres que por no existir el divorcio sufren situaciones injustas. Pensamos en las mujeres que viven allegadas con sus hijos en casas de familiares sin posibilidad de optar al subsidio habitacional si durante su matrimonio adquirieron una casa que permanece a nombre y en manos del cónyuge. También en aquellas que viven situaciones de maltrato o que son obligadas a huir dejando todo lo adquirido tras de sí; en la manipulación de los hijos luego de las separaciones, debido a la ausencia de una adecuada ley de divorcio.
 
 


Sabía que...
el primer proyecto de Ley de Divorcio en Chile se presentó en 1910.
No legislar no hará desaparecer la realidad de las rupturas
Numerosos y entusiastas polemistas han levantado su voz después de que el 24 de enero pasado la Cámara de Diputados aprobara la idea de legislar el proyecto de ley de divorcio.
    Muchas de las argumentaciones que se oponen al proyecto de divorcio vincular tienden a atribuir a este último las culpas de situaciones que se producen en la sociedad, las que poco tienen que ver con la ley, como son las rupturas matrimoniales y las separaciones.
    Veamos algunas de estas polémicas:
  • Dicen que "el divorcio aumenta la pobreza" (El Mercurio 9 de febrero de 1997).

Para fundamentar esa afirmación se usan los siguientes datos:

Los niños de familias uniparentales tienen menos de un tercio del ingreso per cápita que los niños que viven con ambos padres y la mitad de ellos queda bajo la línea de la pobreza en comparación con el 10 por ciento de los que pertenecen a familias intactas (los datos corresponden a EE.UU.).

La realidad descrita es lamentable, pero ¿qué sucede hoy en Chile sin ley de divorcio? Sucede que el 25 por ciento de los hogares está a cargo de una mujer que debe mantener a sus hijos con sus ingresos generalmente menores que los de sus pares masculinos. Muchas de estas mujeres están separadas de hecho y no reciben ninguna ayuda del padre de sus hijos, muchas anularon su matrimonio sin contar con la capacidad de negociar condiciones favorables para ellas y sus hijos. El empobrecimiento es por tanto, producto de la ruptura en sí. Al existir el divorcio, esas mujeres y sus hijos estarían en mejores condiciones para negociar y podrían tener derechos resguardados, en la medida que la ley lo especifique.
    Dicen también los argumentadores contrarios a la ley que ese empobrecimiento se explica porque el divorcio envuelve la posibilidad de una segunda familia y de nuevos hijos. Con las separaciones, nulidades y uniones de hecho que de todos modos se producen, sucede exactamente lo mismo. ¿Prefieren entonces continuar la situación actual que permite al marido olvidar por completo sus responsabilidades con los hijos de su primer matrimonio?

  • Un segundo elemento usado en el debate es que los hijos e hijas de padres divorciados tienen mayores posibilidades de tener problemas emocionales y de conducta.

Este es un argumento emotivo pero falaz, puesto que es la separación de los padres y no el hecho que exista el divorcio lo que provoca los desequilibrios, sobre todo si esa separación se hace de forma confrontacional, con abusos y abandono. Exactamente igual sucede con las nulidades, con el agravante de que todas las exigencias para encontrar soluciones mejores están puestas en la propia pareja en crisis. Una ley de divorcio puede objetivar los derechos, resguardar los intereses de los hijos e incluso of recer instancias de mediación a los cónyuges que han roto en la práctica su matrimonio. El divorcio no viene a provocar la ruptura sino a darle una salida con menor costo social y personal.

  • Un tercer elemento utilizado es que los hijos de padres divorciados tendrían mayor tendencia a dejar sus hogares, a convivir sin casarse y a tener hijos fuera del matrimonio.

Una vez más se asimila el divorcio en su aspecto legal a la realidad de un quiebre en la pareja. Lo que realmente aleja a los hijos y los desorienta es la mala relación entre sus padres, el abandono o el desamor y nada de esto se resuelve simplemente con no legislar. Lo que hace falta es una mayor conciencia sobre la necesidad de cambiar la forma en que se relacionan las parejas en nuestra sociedad. ¿Qué podemos decir de los hijos que se crían en familias donde la violencia es cotidiana, donde el padre está siempre ausente o mantiene relaciones adúlteras o donde ambos cónyuges no logran ni tienen intención de comunicarse y buscar salidas? Si agrupáramos a los hijos de todas las familias que viven estas situaciones ¿qué secuelas encontraríamos en su salud mental y su capacidad de enfrentar la vida? Por el contrario, también existen miles de parejas que se separan y que logran tener buenas relaciones y, sobre todo, mantienen los lazos afectivos y de responsabilidad hacia sus hijos. Ni la ley de divorcio cambiará estas realidades, ni la falta de ley impedirá que sigan sucediendo. Simplemente la ley pondrá un elemento objetivo que resguarde los derechos de los más débiles.

  • Dicen los que se oponen, que la ley de divorcio estimularía las rupturas matrimoniales. Según quienes sostienen estas ideas, la posibilidad de divorciarse haría inestable el matrimonio.

¿Y por qué no pensar que puede ser completamente al revés? Por ejemplo, que la posibilidad de terminar un matrimonio estimule en las personas una actitud más constructiva y consciente de la necesidad de considerar los intereses de ambos durante el matrimonio.
 


Sabía que...
el proyecto en discusión en la Cámara de Diputados propone una instancia de mediación para las parejas que solicitan el divorcio.
El divorcio es una necesidad para Chile
Quienes se oponen dicen que el divorcio no es una necesidad para Chile, porque según los datos del último Censo la cantidad de separados y anulados es irrelevante porcentualmente, mientras que los casados son el 58,5 por ciento.
    Pero no se preguntan cuántos de los que se declaran "casados" lo son en segundas o terceras nupcias, tienen hijos de matrimonios anteriores e incluso continúan casados pero viven de hecho con otra pareja o viven sin pareja.
    La intolerancia en este tema ha llevado a algunos a permitirse decir que el divorcio "legalizaría el fracaso de unos pocos en lugar de buscar la felicidad para muchos". En este punto vale la pena recordar que los legisladores no pueden eludir su obligación de legislar sobre una realidad que constituye un problema social. El porcentaje al que se refieren las encuestas no refleja que son miles las parejas que se separan y aunque sea una minoría, son ciudadanos y ciudadanas de este país que requieren una legislación apropiada. ¿O es que la ley es sólo para la mayoría?
    Finalmente, nuestros polemistas dicen que les preocupa el efecto que una ley de divorcio tendría sobre los valores que sustentan la convivencia. Pero ¿por qué no pensar que el efecto puede ser positivo en la medida que permite a las personas expresar con mayor sinceridad sus verdaderos sentimientos y no las induce a mantener vidas dobles para cuidar la imagen?
    En resumen, una ley de divorcio no reemplaza una realidad que tiene su propia dinámica, pero puede regular los efectos de las rupturas entre las parejas motivadas por causas diversas, resguardando a los hijos y al cónyuge en situación más vulnerable.
    La tarea de los legisladores es mejorar el actual proyecto a través de indicaciones que enriquezcan los aspectos de protección a los hijos y al cónyuge más débil en el momento de la separación, especialmente las medidas provisionales que le permiten la subsistencia mientras se tramita el divorcio como ya analizáramos en el
Argumentos #1.
 


Sabía que...
las últimas encuestas dicen que el 85% está de acuerdo con una ley de divorcio.

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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