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Publicaciones del N° 1 al 88

88
octubre de 2010

CEM

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RIESGOS DEL TRABAJO. MUCHO MÁS QUE ACCIDENTES

      Han pasado más de dos meses desde el derrumbe de la mina San José que atrapó en su interior a 33 trabajadores y más de un mes de la muerte de un minero en Petorca. Sin duda, dos desastres que tuvieron su origen en una cadena de irresponsabilidades humanas, a diferencia de otros provocados por la naturaleza. No obstante cualquiera sea su origen, los desastres afectan a distintos grupos sociales diferencialmente, debido a inequidades sociales preexistentes que los sitúan en una posición de mayor o menor desventaja y vulnerabilidad. Por esto, los desastres constituyen un espejo que refleja a la sociedad tal cual es, mostrando en forma descarnada sus aspectos más negativos. De aquí que brindan a las sociedades una oportunidad para mirarse a sí mismas, reconocer los determinantes sociales que provocan los desastres y los agravan y emprender acciones que, más allá de resolver las emergencias, puedan eliminar las desigualdades que sitúan a unos en condiciones de mayor vulnerabilidad y riesgo que a otros.
      El desastre de la mina San José conmocionó a la opinión pública y permitió abrir un debate con objetivos de mucho mayor alcance que el análisis de los riesgos específicos que ocasionaron el accidente. Ha puesto sobre el tapete el tema de la seguridad y salud en el trabajo, el papel de los organismos fiscalizadores y la responsabilidad empresarial, debate permanentemente resistido por los empresarios y los partidos de derecha.
      Esta es una oportunidad para reflexionar sobre la salud ocupacional en Chile, cuyo foco está puesto casi exclusivamente en los accidentes laborales, desconociendo otros riesgos que en el trabajo socavan, soterrada y cotidianamente, la salud de trabajadores y trabajadoras.
      Argumentos para el cambio quiere participar en esta reflexión desde una nueva perspectiva: los problemas de salud mental derivados de la organización del trabajo y de las relaciones laborales y de género.


Sabía que...
...La jornada
diaria de trabajo
de una mujer es
de 10,4 horas
en promedio,
de las cuales
2,9 destina al
trabajo doméstico
y de cuidado
no remunerado;
la jornada de
un hombre es
de 8,8 horas,
destinando 0,8
horas al trabajo
doméstico.
Fuente: Encuesta
Experimental sobre Uso del Tiempo en el Gran Santiago, INE, 2008.

LOS RIESGOS PSICOSOCIALES: AUNQUE INVISIBLES NO MENOS IMPORTANTES

      Los trastornos mentales y los problemas derivados de la ansiedad, depresión y estrés constituyen en Chile una de las principales causas de incapacidad laboral temporal o permanente, especialmente en el caso de las trabajadoras. En el país, las licencias médicas por “trastornos emocionales y del comportamiento” son la primera causa de su ausentismo. Encuestas realizadas por el Ministerio de Salud revelan que un tercio de trabajadores, y en particular de mujeres trabajadoras, consideran su trabajo “desgastador emocionalmente” (34% de mujeres versus un 28% de hombres). Igualmente muestran que un tercio (31%) de la población femenina entre 25 y 65 años, es decir en período de actividad económica, manifiesta síntomas de depresión, proporción bastante menor entre los hombres (16%).
      Pese a estas cifras preocupantes, la salud ocupacional en Chile presenta un notorio déficit en la detección y seguimiento de las enfermedades profesionales, especialmente respecto a las enfermedades mentales. Esto reviste hoy mayor gravedad, dados los profundos cambios experimentados en el mundo del trabajo en las últimas décadas. Han surgido nuevos riesgos que son cada vez más determinantes de la salud de las personas y que han dado lugar a un nuevo perfil de enfermedades que afectan a trabajadores y trabajadoras. Estos son los llamados riesgos psicosociales que están a la base de la mayor parte de los malestares emocionales y trastornos mentales que caracterizan a las sociedades contemporáneas de acuerdo a numerosos estudios y evidencias internacionales.
      El déficit de la salud ocupacional antes señalado tiene al menos dos consecuencias negativas importantes. La primera es que las enfermedades ocasionadas por riesgos psicosociales del trabajo no están amparadas por el seguro de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales. La segunda, es que mantiene en la invisibilidad y fuera de todo programa de vigilancia y control condiciones de trabajo que lenta y soterradamente causan daños persistentes en la salud de trabajadores y trabajadoras.
      Estas consecuencias negativas afectan diferencialmente a los distintos grupos sociales, en particular a las mujeres que se integran a empleos de peor calidad que los de los hombres, en posiciones de mayor subordinación, y manteniendo al mismo tiempo la carga de trabajo doméstico y de cuidado en sus hogares.


Sabía que...
...Se requiere
investigar en
qué medida
los llamados
"abusos" en el
otorgamiento
de las licencias
médicas se deben
a la falta de
reconocimiento
de enfermedades
laborales de
origen psicosocial.
¿QUÉ SE ENTIENDE POR RIESGOS PSICOSOCIALES?

      Los riesgos psicosociales pueden agruparse en tres categorías: i) los derivados de la “intensidad del trabajo”, esto es, tener que trabajar muy apurado/a para cumplir con un exceso de tareas o elevadas metas de producción, o para seguir el ritmo de las máquinas o las cadenas de producción, y/o debido a sistemas de remuneraciones variables, en los que la parte mayor del salario se obtiene mediante bonos por rendimiento. ii) Los derivados del sufrimiento psíquico que se asocian a malas relaciones con las jefaturas, a débiles relaciones de apoyo por parte de compañeras/os, a las escasas compensaciones recibidas en relación con los esfuerzos que se realizan en el trabajo y a la falta de confianza en el futuro laboral, entre otras causas; y iii) los derivados de una vida de trabajo prácticamente sin límites debido a: un exceso de demandas que se traducen en extensas jornadas y que a menudo implican seguir trabajando en el hogar; a empleos que exigen una conexión permanente con el trabajo mediante celulares, internet, etc.
      Ante estos riesgos, existen factores protectores que reducen sus efectos negativos. Uno es la posibilidad que brinda el trabajo de aprender, de desarrollar capacidades profesionales, creatividad e iniciativa. Otro se refiere a los “márgenes de autonomía” que brinda el trabajo para tomar decisiones respecto, por ejemplo, al orden de las tareas, al método de trabajo, al número y momento de hacer pausas. Y de gran importancia es poder contar con el apoyo de colegas y jefes/as.
      Es imprescindible señalar que algunos de los riesgos para la salud mental afectan diferencialmente a mujeres y hombres.
La incorporación de las mujeres al trabajo remunerado no ha sido acompañada de una reducción y redistribución de su trabajo no remunerado doméstico y de cuidado. Esto implica que antes y después de su jornada de trabajo pagado debe destinar horas de trabajo al hogar y la familia, y que mientras trabaja no puede desentenderse de sus preocupaciones domésticas y de cuidado. El trabajo doméstico y de cuidado no está sujeto a jornadas laborales fijas, no respeta descansos de fines de semana –momentos en que se intensifica– ni vacaciones.
      En el campo del empleo, las condiciones de trabajo de las mujeres tienden a ser más precarias: menores ingresos y/o ingresos que dependen del rendimiento o de la producción –vendedoras del comercio y de servicios, operadoras telefónicas, operarias de packing en la agroindustria–. Sus empleos a menudo involucran contacto directo con personas –enfermos, estudiantes, público en general–, lo que implica una alta carga emocional que puede generar problemas psicológicos. Por último, las mujeres ocupan posiciones de menor jerarquía, lo que las hace más vulnerables a maltrato por parte de superiores y también de compañeros, al acoso moral y sexual.


Sabía que...
...El empleador
está “.. .obligado
a tomar todas
las medidas
necesarias
para proteger
eficazmente la
vida y salud
de todos los
trabajadores…”.
(Art. 184 Código del Trabajo)

DEVOLVER EL SIGNIFICADO AL TRABAJO ES TAREA DE TODOS

El trabajo puede ser también una fuente, quizás la más importante, de bienestar físico y mental. Permite generar ingresos necesarios para vivir, fortalecer nuestra autoestima, promover aprendizajes, crear lazos de sociabilidad y desarrollar el sentido de pertenencia e identidad.

¿Qué se puede/debe hacer desde la institucionalidad?

  • Incorporar los riesgos psicosociales y las enfermedades que estos provocan en la Ley de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.
  • Incorporar los riesgos y enfermedades asociados al trabajo doméstico y de cuidado y a la doble jornada laboral a la mensionada Ley.

¿Qué podemos hacer los trabajadores y trabajadoras?

  • Fortalecer los lazos de amistad, compañerismo y colaboración en el trabajo.
  • Reconocer nuestros malestares, identificar sus causas, compartirlos con nuestros compañeros y compañeras y buscar soluciones colectivas.
  • Participar en el Comité Paritario de la empresa y motivar la participación de los y las compañeras.
  • Promover en nuestros hogares la colaboración y el apoyo para compartir equitativamente el trabajo doméstico y de cuidado.
 

 

Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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